Algunos de los componentes del equipo de Literaturame estuvimos, como contamos ya, la semana pasada en las jornadas Escribit2013, lecturas y escrituras del TecnoConocimiento. Entre otras actividades, hubo  charlas-taller sobre edición de epubs, sobre ilustración digital, sobre búsqueda y organización de la información en internet, también se habló de las herramientas de Google para la educación … En fin, se trataba de conectar tres ámbitos, ya de por sí absolutamente interdependientes entre ellos: la educación, la lectura y escritura, e Internet, o mejor dicho, la tecnoinformación. Finalizadas las jornadas, las conclusiones no son en exceso halagüeñas. Serán incorporadas a un dossier sobre Educación y Cibercultura, que aparecerá en el próximo número de la Revista Imán de la Asociación Aragonesa de Escritores, que es la entidad organizadora de Escribit (con el patrocinio del Gobierno de Aragón).

Por otro lado, a comienzos de esta semana el Informe Pisa situaba a España en el vagón de cola occidental en cuanto a la capacidad de comprensión lectora y entendimiento matemático. Pensando que ambas competencias necesitan del desarrollo discursivo, deductivo, conclusivo…. mal asunto: http://www.expansion.com/2013/10/08/entorno/1381214478.html

A la vista de estos datos y de la profundidad del fracaso, es de esperar que a nadie se le vuelva a ocurrir culpar a Internet de la falta de competencia metodológica en la población española. Ha sido la excusa casi perfecta. Y falaz. Muy falaz. Muy torticeramente falaz. Está claro que no todo lo que aporta la red es estupendo, ni que el futuro globalizado e interconectado no vaya a traer graves problemáticas, junto a sus amplías posibilidades de crecimiento personal y social. Pero culpar a los videojuegos (por ejemplo) de la falta de querencia de los adolescentes y jóvenes por la lectura es, cuando menos, confundir la parte por el todo. Como lo ha sido achacar a la piratería el descenso imparable de la venta de libros. La falta de adecuación de los sistemas educativos y de las industrias editoriales a los nuevos paradigmas sociales y de conocimiento, y la priorización en los planes de estudio de una rentabilidad cortoplacista (tanto económicamente hablando como ideológicamente), de un amor hacia los títulos por encima de la calidad del conocimiento impartido y adquirido, la falta de armazón metodológica… en cosas como éstas es dónde deberíamos buscar el escaso apego de la mayoría de la población por la lectura, y menos aún por una lectura no superficial, tal y como planteaba en un estupendo artículo de Joaquín Rodríguez, redifundido ampliamente ayer por las redes sociales (http://www.madrimasd.org/blogs/futurosdellibro/2013/10/08/136028): no dejéis de leerlo, si aún no lo habéis hecho

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