En un art?culo de 1981 -como la mayor?a de los suyos, de grata memoria- titulado Dos juras, o si yo fuera mujer…, S?nchez Ferlosio aprovecha uno de sus meandros argumentativos para arremeter contra Bernini y el fruto de la “peor tarde de su vida”, la escultura del ?xtasis de Teresa de Ãvila, que no s?lo infama la memoria de la santa, dice el escritor, sino que resulta ultrajante para la “llamada condici?n femenina”. Incluso quien rechace la invectiva de Ferlosio, no podr? negar que el semblante de aflicci?n y gozo de la mujer all? representada parece m?s bien una caricatura. Esta deriva hacia lo amasado y cursi se repite, con frecuencia, en la figuraci?n de la capacidad de la mujer de ser madre, donde ese privilegio de libre decisi?n se confunde excesivamente con la rendici?n a la fatalidad reproductora. Ser mujer y ser madre, seg?n la m?s acreditada convenci?n, no suma dos rangos, sino una misma cualidad. Y hasta tal punto que acota la proyecci?n ciudadana de la mujer, reduciendo los restantes aspectos de su persona. Que la experiencia de ser madre posee una relevancia primordial, no cabe la menor duda, pero tambi?n es indudable que la maternidad inflige a la mujer el estereotipo de anular
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