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El escritor de muertos

1 de Marzo del 2009 Por: ricardocalo

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El discípulo se hacía llamar Dr. Asbel. El Dr. Asbel era el discípulo favorito de Mr. Hyde. Por el día el Dr. Asbel llevaba una vida normal a los ojos de los ciudadanos de Pueblo muerto. Iba a su consulta médica para tratar de curar a sus pacientes, como lo haría cualquier médico vocacional. El Dr. Asbel se sentó media hora más tarde de lo habitual en su consulta y esperó a su primer paciente.La enfermera gótica había terminado de limpiar el sable del Dr. Asbel- El sable del Dr. Asbel era una reliquia de sus antepasados, los antiguos caciques de Pueblo muerto.
Que pase el siguiente (Voz marcial)
Entra el escritor de muertos con un ejemplar de La Montaña Mágica de Thomas Mann
El Dr. Asbel invita a sentarse al escritor de muertos; el escritor de muertos le ofrece la mano al Dr. En señal de cordialidad, ambos se dan la mano de forma amable. El escritor de muertos se sienta y deja el ejemplar de La Montaña Mágica en la parte izquierda de la mesa en una zona vacía.
Dr. Asbel: ¡Veo qué es usted un lector!
El escritor de muertos: Así es, es muy importante ser lector, lector antes que nada, para ser algo en esta vida se precisa de lecturas escogidas.
El Dr. Asbel: Siempre deseé leer ese libro, pero es muy grueso, y tengo tampoco tiempo, siempre. ¿Lo ha leído usted, lo está leyendo?
El escritor de muertos: Lo estoy releyendo; es una de mis obras favoritas dentro de la gran literatura universal.
El Dr. Asbel: ¿Y…de qué trata?

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La inspiración (Final)

26 de Febrero del 2009 Por: anonimo

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La inspiración (Final)
Todo tipo de excusas disfrazadas de temores me colonizaban sin que les ofreciera la más mínima resistencia. ¡Ya está bien!, me dije, era el momento del gran duelo por conquistar una esquirla de arte; otra desesperada tentativa por perdurar más allá de un te quiero, de un suspiro, o de un perecedero papel. Cierro los ojos hasta acompasarme con mi pulso. Quiero recordar que podría ser algo como esto:

Al final te precipitas en el hambre;
y reúnes y deshaces, y formas parte
de cada lugar que sucumbe, de cada…

Demasiado eco, la esencia puede que subsista pero el olor aún es pobre, su génesis brillaba en lo extremo, quizá:

Al fin caes en la histeria del hambre;
y devoras y deshaces, y formas parte
de cada átomo que sucumbe…

Creo que era algo parecido, pero debo alimentarlo o yacerá para siempre inacabado, o parcheado en otro cuerpo y en otros sentidos.
Cierro los puños como si pariese, ¡puedo verlo!

Al fin caes en la histeria del hambre;
y devoras y deshaces, y formas parte
de cada átomo que sucumbe, de cada
imagen sagrada que se erige.
Al fin somos la causa de toda la belleza,
el por qué de los dioses. (1)

Caigo exhausto sobre el teclado, creo que ha sido niña, la más bella que pueda imaginar ahora, y será ninfómana como el deseo, pero antes deberá crecer libre en las gargantas…

(1) Fragmento del poema “La causa de la belleza” de mi poemario “Poemas de amor inmisericordes”

Informa: laflordelapocalipsis.blogspot.com/2009/02/la-inspiracio

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Relatos cotidianos

23 de Febrero del 2009 Por: anonimo

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Relatos cotidianos
Estoy publicando en mi blog, el capítulo 7 de mi libro “Soy mamá de un hijo único”. En este caso se trata de “Un vocablo caído en desuso”.
Como siempre, quedan invitados a leerlo.
Fabiana.

Informa: relatoscotidianosfd.blogspot.com

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La inspiración (III)

23 de Febrero del 2009 Por: anonimo

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La inspiración (III)
Envuelta en un exuberante abanico de improperios, la silla maldita se rindió desencajándose ante mi desproporcionada reacción, teniendo en cuenta que en aquel cuarto de maternidad tan sólo mi memoria era merecedora de escarnio. La coloqué con ira en el lugar adecuado, me senté sobre ella descargándome con desprecio, resoplé como una manada de caballos en celo, y me recorrió un escalofrío ígneo desde el estómago hasta los dientes. Había llegado la hora, o era ahora o nunca sería lo que existió como una fe incipiente, una aparición divina con la que tendría que evangelizar al mundo, demostrando la grandiosidad de su doctrina como un profeta entre sedientos de versos.
Tomé aliento y mientras lo exhalaba rezaba para que aquella armonía de salvación volviera a extraviar mi mirada otra vez hacia el éxtasis, resucitando aún más bella a través de mi pusilánime trascendencia.Temía tanto al fracaso como al recuerdo exacto. ¿Seguiría pareciéndome tan sublime con el paso de las circunstancias? ¿Podría continuar pensando a esa cota prácticamente desconocida? ¿Debería soportar quizá que alguien no la valorase a mi justa medida?…

Informa: laflordelapocalipsis.blogspot.com/2009/02/la-inspiracio

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