–No puede ser. Me permite la indiscreción de preguntarle cómo descubrió ese libro.
–Se lo diré si me confiesa por qué quiere saberlo.
–Sólo por curiosidad, yo también tengo un ejemplar, y no es fácil encontrarlo en librerías.
–Su primera expresión no ha sido precisamente de curiosidad, más bien de asombro, casi de estupor me atrevería a decir. Este libro ha tenido que estar relacionado de alguna manera a un acontecimiento crucial para usted, ¿me equivoco?
–Bueno, déjelo, si para que me responda tengo que someterme a un psicoanálisis mejor…
–Está bien, de acuerdo, no se me vuelva a enfadar. Un día, naufragando por internet, recalé en el blog personal del autor, leí varios poemas, me interesaron y, voilà, por lo que he podido leer, sigue pareciéndome prometedor, pero lo que realmente me resulta apasionante del libro es la relación que pueda tener con usted…
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La historia más triste de la historia (XXIV)
29 de Junio del 2009 Por: Antonio Ruiz Bonilla
Categorías: Variada Etiquetas: historia, llorar, mujer, relatos, tristeza
El bosque
16 de Junio del 2009 Por: Antonio Ruiz Bonilla
Categorías: Variada Etiquetas: bosque, relatos
Emprendió su paseo por el bosque como cada mañana desde que su convalecencia lo obligara a tomarse un respiro. Cada vez era más consciente del sonido de las ramas y las hojas quebrándose a su paso mientras su respiración se acompasaba con la caída de los frutos y el rumor del río, como si hubiese regresado al lugar donde se extinguió hacía mucho tiempo. Ella quiso sorprenderlo adornando con una sonrisa inocente un abrazo inesperado. Siguiendo la antigua senda que él había vuelto a abrir a través de la hierba y el pasto llegó, abrigándose en los árboles en un zigzag de traviesas intenciones, tan profundo que empezó a mirar atrás con mayor inquietud, que fe hacia delante. Poco después decidió gritar su nombre deshaciéndose sin mucho reparo del factor sorpresa…
La historia más triste de la historia (XXII)
8 de Junio del 2009 Por: Antonio Ruiz Bonilla
Categorías: Variada Etiquetas: historia, llorar, mujer, relatos, tristeza
María se cubrió la cara con sus manos —era un gesto del que abusaba últimamente—, respiró como si fuera a sumergirse en un maremoto, intentando contener con extrañas muecas sepulcrales y parpadeando con inquietud de colibrí, el inminente y masivo desembarco de lágrimas. Pero sus hombros cada vez más replegados sobre el pecho y el sonido de su nariz haciendo lo imposible por retener el tsunami, presagiaban el contundente triunfo de la efímera belleza sobre la trascendencia de la palabra.
Cuando Andrés adivinó que estaba llorando, bajó su maleta del altillo y le dijo:
–Me voy, créame cuando le digo que más allá de lo que usted haya podido interpretar en mi actitud, hacerla llorar es la antípoda de todo lo que le deseo.
–Espere, quédese por favor, no haga que me sienta aún peor por haber tenido con usted una reacción tan desproporcionada e injusta. Debe comprender que me encuentro al borde…
–No hace falta que intente explicarme su estado, es evidente que algo o alguien, o todo, la está asfixiando a cada paso que intenta dar hacia adelante. Estoy dispuesto a permanecer en silencio, a cambiar de asiento, a quedarme, a contarle un cuento, lo que usted precise no tenga reparos en ordenármelo…
La última entrada
4 de Junio del 2009 Por: Antonio Ruiz Bonilla
Categorías: Variada Etiquetas: paranoias, relatos, sueños, última entrada
Esta es la última entrada que publico en “El Fin De Los Tiempos”. Siento que sea así, pero no puedo hacer nada —espacio-temporalmente— para evitarlo. Lo es por varias razones, quizá en otro momento tenga más sentido que hoy, reconocerlas. Las circunstancias son las que son, esta sociedad es la que es, la que hemos alcanzado en aras de un futuro de bienestar ilimitado, y que sin embargo, nos anestesia acomodándonos en la cotidianidad y haciéndonos triunfar en la desidia y en lo superfluo, hasta conseguir extirparnos la capacidad de soñar despierto.
Hoy es jueves, lo lamentable es pensar que la única diferencia con el jueves anterior son estas palabras, y que todo lo demás sea inexorable, sin depender lo más mínimo de nuestra voluntad o capricho, y que además de pensarlo, sea cierto. Pero no, esta vez no, algo es diferente, distinto y milagroso, por una vez somos dioses, entre rutinas, deberes e imposiciones, pero dioses, en alguna remota de sus acepciones, al fin y al cabo, creadores. Y llegado a esta conclusión, me revelo, prometo estar atento a cualquier desvío en el recto camino de ser ciudadano. Como dije al principio, esto es lo último que escribo, entre otros motivos, porque todo lo existente le precede, y aún estoy en el presente. Así que os aseguro que es lo último, como todo lo que hacemos, por ahora.
