Jueves 20 de Noviembre de 2008

Un cortijo andaluz. José, el pobrecito agradecido (II)

11/09/2008 03:58:47 Por: anonimo Clasificado en: Literatura Tags: , , , Sin comentarios →

Un cortijo andaluz. José, el pobrecito agradecido (II)
…y la temporada concluía siempre con un intercambio de maldiciones y de amenazas que afortunadamente nunca llegaban a concretarse, sólo servían como desahogo. Quizá para reafirmar de alguna manera, la posición más consecuente posible con el rol que la vida había encomendado a cada uno de ellos. Destino del cual, pensándolo bien, la mayoría absoluta, si pudiesen, renunciarían.
¡Bendita tranquilidad! Exclamó de pensamiento José mientras se sentaba en la cama después de apagar el despertador, era la hora exacta a la que Dios seguramente se levantaba cuando construía el universo, eran las siete y media y el sol despuntaba tranquilamente como sin querer sorprenderlo, seguía pensando mientras se calzaba al primer intento sus babuchas a oscuras. El secreto era colocarlas siempre exactamente en el mismo sitio y en la misma posición, debajo de la mesita de noche, con la puntera hacia la pared. Con el tiempo había comprendido que no acertar de primera al calzarse era síntoma inequívoco de que el día no despuntaba con demasiadas expectativas, de hecho, lo primera frase que propinaba a la vida en esos casos era un malsonante improperio de la misma familia que este: “Me cago en la leche puta que mamé”. Ante tal desprecio a sus orígenes nada podía salir ese día del todo a derechas.
Sus pasos recién levantado eran aún más cortos e infinitamente más titubeantes, parecía que se pisara con el talón de un pie los dedos del postrero. Luego descorría la cortina que hacía funciones de puerta de los vientos, y accedía al pequeño salón comedor por el cual transitaba bostezando y esquivando de memoria los muebles hasta llegar a la cocina…

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Un cortijo andaluz. José, el pobrecito agradecido (I)

11/08/2008 03:49:12 Por: anonimo Clasificado en: Literatura Tags: , , , Sin comentarios →

Un cortijo andaluz. José, el pobrecito agradecido (I)
José no era sólo un buen trabajador, a los ojos de sus jefes era el mejor de más de cincuenta empleados que tenían con nómina indefinida en el cortijo. Pero murió sin la alegría celestial de saberlo con certeza, no pudo oírlo directamente de sus labios potentados, hubiese sido todo un detalle que lo habría henchido de satisfacción y orgullo, y su entrega y diligencia no hubiesen tenido límites a su entero servicio.
Todas las mañanas atravesaba acelerado, con su característico paso tímido y sumiso de japonesa introvertida, el patio del cortijo para abrir los solemnes portalones de madera vieja y leprosa, que aún cumplían decorosamente con la función de salvaguarda que le encomendaron cuando era maciza y vigorosa, por aquellos años de posguerra se cerraba casi por su cuenta, sin crujidos ni chirridos lastimeros, suavemente velaba por lo poco valioso o comestible que se pudiese tener, y que, por supuesto, se encontraba concentrado en la gran casa almenada de los señores, casi siempre deshabitada.
Ramón era un poco de todo, hacía funciones de administrativo, de organizador de eventos para el gran terrateniente y los señoritos, de casero, y de todo lo que pudiese, con su fidelidad infinita, ir abarcando para el bien y el progreso de la finca.
Era un celoso contable a la vieja usanza, con sus libretas siempre a cuestas, el bolígrafo en la mano y el lapicero encajado en una oreja, o viceversa. Con una maestría artesanal pesaba una por una todas las cajas de aceitunas que los jornaleros habían traído del verdeo. Nunca reconoció que durante muchos años había trucado el rudimentario mecanismo de pesada para ganar unos cientos de gramos, ni que la mayoría de las veces redondeaba a la baja, pero cada campaña las cuadrillas acababan dándose cuenta, y…

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