El otro Roth
Joseph Roth, austríaco de origen judío, murió en París en noviembre de 1939, alcohólico y casi olvidado; Philip Roth, en cambio, es uno de los escritores norteamericanos vivos más importantes, pertinaz candidato al Nobel de Literatura. En principio, pues, la coincidencia de apellidos no debería prestarse a equívocos. Sin embargo, últimamente se viene dando una curiosa contemporaneidad entre ambos. A partir de los 80, en lengua castellana, el primer Roth, con un vigor que acaso lo habría sorprendido a él mismo, ha venido experimentando una suerte de resurrección y se han multiplicado las ediciones de sus libros y también sus lectores.
Una cuota de responsabilidad de este resurgimiento le corresponde a Claudio Magris, que en su El mito hasbúrgico en la literatura austríaca y en Lejano de donde, junto con Robert Musil y Hermann Broch, coloca a Joseph Roth en un lugar central en la formación de la identidad de la cultura de centro Europa y, la otra cuota, a las reediciones que, tempranamente, con su ya legendario gusto, Roberto Calasso hiciera de él en editorial Adelphi.
Desde entonces, novelas como La Marcha Radetzky, Job, La Leyenda del Santo Bebedor, Hotel Savoy, El Triunfo de la belleza, Tela de Araña, El Peso Falso, Fuga sin fin, A diestra y siniestra, entre otras, se han convertido en títulos claves en la narrativa europea del siglo XX. Últimamente también su dimensión como cronista y periodista, que ejerció activamente, ha dado lugar a ediciones como Crónicas Berlinesas , La filial del infierno en la tierra , El juicio de la historia , Viaje a Rusia y Judíos errantes.
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