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Julio Cortázar y Alejandra Pizarnik: Encuentros y desencuentros

14 de Noviembre del 2009 Por: admin

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La Maga soy yo, soltó Alejandra. Y Julio no quiso contradecirla. Se conocieron en los años sesenta, en París; el París de Rayuela, no el que sale en los mapas.

Informa: literatura.suite101.net/article.cfm/julio_cortzar_y_ale

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Visiones y ternuras

16 de Enero del 2009 Por: anonimo

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Visiones y ternuras
Hace algunos años, en un viaje a París, ocurrió este suceso que os voy a contar y que se convirtió en un cuento de los que terminan con puntos suspensivos, como esos finales abiertos de las buenas narraciones que no quieren pontificar, aleccionar ni formar con un final, feliz o no, que no sería más que el golpe definitivo de autoridad de un autor, dios omnipresente, que lo sabe todo, lo puede todo y lo controla todo.

Durante mi estancia en París acudí junto a unos amigos a una interpretación del Réquiem de Mozart en la Sainte Chapelle. ¿Qué decíos de la Saint Chapelle? ¿Qué decíos del Réquiem? Ambas cosas juntas prometían ser impresionantes, así que con ese espíritu abierto a la impresión acudí yo al evento.

Informa: entrepuertasyescaleras.blogspot.com/2009/01/visiones-y-

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Ruiseñores que levantan sombras

21 de Noviembre del 2008 Por: anonimo

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Ruiseñores que levantan sombras
¿Qué pensará Gelman cuando sepa que escribió para convertir esta tarde, veinte años después, este encierro, esta soledad, en un bosque y las sombras en setos? Del golpeteo de una Olivetti ha hecho saltar aves. De un instante, un bosque lluvioso del África disfrazado de otra habitación, una cocina en algún hogar de París, ha soltado ruiseñores envueltos en plumas, y en otros recuerdos.

JM
jminila@hotmail.com

[Lee la nota completa en "El pájaro azul", y escucha el disco completo "Ruiseñores de nuevo" con poemas de Juan Gelman y música de César Stroscio]

Informa: jminila.blogspot.com/2008/11/ruiseores-que-levantan-som

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Abril en París: Vila-Matas

29 de Abril del 2008 Por: apostillasliterarias

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1 – En el avión de ida a París, leo la novela Naturaleza infiel, de Cristina Grande, donde la autora teje con talento una dramática gramática familiar en un virtuoso tapiz de escenas. De vez en cuando, con su humor de veneno raro y sin apenas levantar la voz, la narradora demuestra que nunca le faltaron ideas en medio de tanta virtud: “Imaginaba cómo yo misma iba apuñalando uno tras otro a mis hermanos y a toda mi familia, y cómo después me cortaba las venas”.

2 – Regreso a Vaneau. Dos años después de la última visita. Vaneau es una calle de París, pero hace tiempo que la siento ya como una casa. Es una casa en la que hay un hotel, el Suède, que es un lugar discreto, idóneo para ocultarse. El hotel pertenece al mundo real, pero también al de las ficciones y, cuando se impone la tendencia ficcional, me muevo por sus pasillos como si llevara tiempo allí escondido. No es poca la sorpresa cuando me pasan en recepción una tarjeta de visita que dice: “Por azar me hospedo en el mismo hotel que usted. Le pido mil disculpas por haberle descubierto en su guarida”. Es el señor Werneck, editor brasileño, amigo de unos amigos de Chile. Me parece extraño, pero no mucho más que otras cosas que en este hotel ocurren. De hecho, lo más extraño aún no ha llegado. Por la noche, cuando regrese de ver la exposición de Sophie Calle en la antigua Biblioteca Nacional, me entregarán en la minúscula recepción -descubro que todo el misterio del hotel pasa por ese pequeño sitio- una carta que abriré en mi cuarto quedándome, al principio, sin entender nada, y luego, al entenderlo, quedándome totalmente perplejo al ver que es un mensaje que alguien me dejó allí hace dos años y que ahora, con notable retraso y supongo que pensando que más vale tarde que nunca, el hotel me entrega. La carta deshace, con desdichada tardanza, un malentendido que me llevó a pensar muy mal -sólo ahora sé que injustamente, pero ya es tarde- de una persona de la que esperaba mucho y de la que ahora ya no puedo esperar nada, y más cuando ella tampoco espera ya nada de mí. Un desastre.

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