Mito y realidad de los piratas
La distancia entre la fantasía y la historia real de la piratería en el Caribe no es tanta como se supone, según revelan dos libros de reciente edición. El propio estudio de los “hermanos de la costa” termina fascinando a investigadores rigurosos, ya sea que simpatizan con los piratas o los condenan. ¿Un dato? Entre el auténtico Barbanegra y los personajes creados por los estudios Disney no hay muchas diferencias.
En abril de 1884 el novelista Walter Besant pronuncia una conferencia en Londres sobre “el arte de la ficción” que enseguida se publica como fascículo en un periódico. Ese hecho significó mucho en la historia de la literatura inglesa por dos motivos: primero, porque los que entonces no tenían más estatus que el de un guionista de televisión en nuestra época, encuentran un vocero muy popular e influyente para sus aspiraciones artísticas; segundo, porque produce el mágico encuentro de dos maestros en el escenario de una polémica: Henry James y Robert Louis Stevenson. James, en un artículo publicado en septiembre de aquel año, responde al enfoque realista, y sobre todo moralista, de Besant, usando como título de su nota el mismo que Besant había puesto a su conferencia: “El arte de la ficción”. Stevenson interviene a fines del año apuntando más a James que a Besant (aunque no estaba de acuerdo tampoco con éste), con su artículo titulado “Una modesta reconvención”; reconvención a quien consideraba un maestro, y que desde entonces sería además un amigo. James le llevaba apenas siete años al narrador de 34 que el año anterior había publicado la primera de sus novelas importantes, La isla del tesoro. Interesa aquí aquella brillante “arte poética” sobre todo por este párrafo: “Para el niño, el carácter es como un libro cerrado; para él, un pirata es una barba, unos pantalones amplios y un generoso complemento de pistolas” (El arte de la ficción, Besant/James/Stevenson, Universidad Autónoma, México, 2006).
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