Domingo 05 de Octubre de 2008

El pueblo incierto (XIII)

15/09/2008 07:58:59 Por: anonimo Clasificado en: Literatura Tags: , , , , , Sin comentarios →

El pueblo incierto (XIII)
…mientras me recitaba de mala gana mis derechos. Estaba siendo el protagonista de un típico thriller policíaco, donde todo me resultaba tan evidente como ajeno. Con cada policía asido a unos de mi brazos me llevaron en volandas hacia el coche, y pude oír, o quizás imaginar, a todo el mundo dando su opinión sobre mí, tildándome frívolamente de una cosa o de otra, normalmente peor que la anterior. De camino a la comisaría intenté hacer un examen de conciencia de todo lo que me había acontecido desde que, maldita sea la hora, decidí cambiar mi rumbo y dirigirme a este perturbador pueblo, pero por muchas vueltas que le daba no encontraba la más somera explicación lógica para lo que me había, y me estaba pasando. Era como un sueño macabro y abstracto del cual no despertaba nunca, una prueba laberíntica que debería resolver como el héroe que nunca había sido, y que todo el mundo, en algún momento de su vida, debía ineludiblemente aspirar a ser según esta pesadilla.Puede hacer una llamada, me dijo uno de los policías en cuanto me quitaron las esposas dentro de un lúgubre calabozo con claros síntomas de abandono. Menos mal, pensé ligeramente aliviado, al fin una noticia sazonada con una pizca de esperanza. Vamos a ver, puedo llamar a mi mujer, que acudiría rápidamente pero seguramente algo nerviosa, y puede que se le olvidase cualquier detalle importante. A mis hermanas, que sería casi lo mismo, por no decir idéntico. A algún amigo resuelto en el que confiase plenamente, aunque sería un favor demasiado grande teniendo en cuenta que sabría que cuento con mi mujer y mis hermanas, por no mencionar a mis padres, mi amigo incluso podría temer cierto malestar de mis familiares hacia él si yo no considerase primero la posibilidad razonable de pedirles ayuda a ellos…

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El pueblo incierto (XII)

01/09/2008 11:04:34 Por: anonimo Clasificado en: Literatura Tags: , , , , , Sin comentarios →

El pueblo incierto (XII)
Muy claro, haré todo lo que me digan, respondí, no soy ningún delincuente, y por supuesto no voy armado –aunque seguramente no me creyeron, reconozco que les habría expuesto los mismos argumentos aunque fuese el mismísimo Clyde Barrow – Elevé aún más la voz para anunciar claramente mi pacífica salida: voy a salir despacio, con las manos por delante. El hueco que habían abierto era suficiente para que una persona media pasara de perfil, así que tuve que colocar los brazos en una posición algo absurda, uno delante del otro a lo largo de las clavículas. Más que una rendición parecía que estaba bailando el Hula hawaiano. –Pues sí, esto es una cruz como otra cualquiera, tener que soportar que se me ocurran estas ridículas comparaciones en situaciones tan comprometidas, genéticamente debería ser, cuanto menos, incompatible con nuestro instinto de supervivencia – En cuanto asomé la cabeza los ví, allí estaba una pareja de policías apuntándome con tanta disciplina que podía sentir la inestable tensión acumulada en los dedos índices de sus diestras manos. No había acabado de salir completamente cuando me ordenaron enérgicamente que me pusiera de rodillas en el suelo, y que colocase las manos en la nuca. Así lo hice, quise demostrar con tanta sumisión que mi colaboración no iba a tener límites, que incluso ahora, cuando cambia bruscamente la temperatura, mi rodilla derecha se lamenta profusamente de aquel desmedido y violento aterrizaje. Uno de los agentes se enfundó la pistola y se acerco raudo para colocarme las esposas. Me empujó hacía arriba por los codos mostrándome claramente su deseo de que me levantase, una vez de pie me cacheó como si buscase una veta de diamantes…

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El pueblo incierto (XI)

21/08/2008 06:36:11 Por: anonimo Clasificado en: Bibliotecas Tags: , , , , , Sin comentarios →

El pueblo incierto (XI)
Poco tiempo después me pareció oír la sirena de la policía avanzando hacia mi lamentable situación. Espero que no utilicen ningún método violento para intentar detenerme, no hay nada que falte más a la verdad que pensar que hace falta algún tipo de fuerza para convencerme de que salga al fin de esta ratonera en la que se había convertido mi refugio nocturno contra unos supuestos Nosferatus sanguinarios.
Me coloqué al fondo del cuarto, en el mismo ángulo que ya había utilizado, para que me permitiese ver algo si la puerta se abría de nuevo lo más mínimo. Dispuesto a colaborar en todo, incluso a olvidar que esto estaba sucediendo y despertar en mi cama sudando a mares de fuego. Por el murmullo parece que los trabajadores del banco están informando a los agentes de la situación en la que nos encontramos.
Un silencio absoluto me anegó el alma, sabía que esta quietud era el preámbulo a la táctica policial que estaban a punto de emplear conmigo. Esperé con tanta expectación que retuve la respiración para poder oír cualquier iniciativa a favor de reducirme.
Pom, pom, pom, llamaron breve pero contundentemente mediante tres secos golpes a la puerta, si hubiese tenido que jugarme la vida en adivinar el número de golpes que darían, la habría conservado. No sé, llamar dos veces puede albergar arrepentimiento, cuatro, indecisión. Tres golpes implica la determinación justa que requiere el acto en si.
Le habla la policía, no tiene escapatoria, abriremos la puerta lo suficiente para que pueda entregarse, salga con las manos por delante, que sea lo primero que le veamos, ¿está claro?…

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El pueblo incierto (X)

24/07/2008 03:41:45 Por: anonimo Clasificado en: Literatura Tags: , , , , , Sin comentarios →

El pueblo incierto (X)
Rápidamente retrocedimos unánimemente ante el miedo más despiadado, ese que entra por los ojos sin pedir permiso, e irrumpe endemoniado y sin hacer escalas en los intestinos. Me pregunté cómo habían podido imitar la apariencia y el comportamiento humano con tal grado de perfección. Me acerqué todo lo que pude a las bisagras y escuché como deliberaban en voz baja, seguramente en su idioma porque no pude entender nada. Después, un sonido estridente se fue acercando, parecía como si arrastraran un mueble pesado sin acabar de levantarlo del suelo, efectivamente, estaban bloqueando definitivamente mi salida del cuarto. La puerta se había convertido en una barrera casi inexpugnable entre dos mundos intolerantes. Aún aislado logré oír a alguien decir vehementemente: ya lo tenemos, llamad enseguida a al policía. ¿A la policía? me pregunté, si cabe, aún más sorprendido. Una de dos; o los alienígenas estaban licenciados en antropología y clonación humana, o bien eran personas, ciudadanos, habitantes autóctonos de este desconcertante lugar, quizás habían regresado al unísono de algún tipo de acto masivo a las afueras del pueblo. -De todas formas sería todo un detalle evolutivo que en momentos tan angustiosos hubiésemos perdido la capacidad de hacernos este tipo de preguntas sin respuestas, y que acaban de sumirnos en la más completa zozobra emocional- Intenté tranquilizarme, esperé a que llegara la policía, entre otros motivos porque no tenía otro remedio, y eso era una causa aplastante. Entonces se aclararía todo, como mal mayor me tendrían retenido en comisaría unas horas, y luego cogería el primer medio de transporte, o tal vez el que llegara más lejos, para escapar de esta pesadilla de una vez por todas, y para siempre…

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El pueblo incierto (IX)

30/06/2008 07:33:20 Por: anonimo Clasificado en: Literatura Tags: , , , , , Sin comentarios →

El pueblo incierto (IX)
Justo cuando soñaba que unas vampiras ninfómanas se ensañaban conmigo, me despertó violentamente un fuerte golpe metálico, en cuanto pude reanimar a las primeras neuronas comprendí que alguien pretendía abrir la puerta a toda costa, y con cada arremetida la estantería temblaba al compás de mi pulso. Dejé caer la falsa pared acartonada y empujé con más ímpetu, si cabe, que en el sueño, para intentar que la barrera de anaqueles repletos de folios, lápices y publicidad engañosa, aguantase hasta que la luz de nuevo los recluyese. Después de un buen rato resistiendo me pregunté por qué unos seres que habían podido someter, o en el peor de los casos, aniquilar a un pueblo entero no podían abrir una puerta rudimentariamente fortificada. Fue entonces cuando escuché a alguien decir: “nada, que no hay manera, se habrá caído una de las estanterías y estará atrancando la puerta, habrá que avisar a un profesional para que intente quitar las bisagras. ¡Joder! exclamé al oír hablar en perfecto castellano a esos inauditos seres, y una honda necesidad de saber cual era su apariencia se apoderó sin piedad de mí. Me coloqué en un ángulo adecuado para ver a través de la puerta cuando alguno de ellos volviese a empujarla, porque siempre hay un listillo, sea la especie que sea, que reserva su destreza para intentarlo cuando todos se hayan dado por vencidos, y colgarse así la medalla de la audacia imperecedera, no acabé de pensarlo cuando un tremendo empujón arrastró la estantería unos centímetros por el suelo, los mismos que quedó abierta la puerta. Aproximé mi ojos desorbitados intentando ver algo a través del hueco que quedó abierto, el inhumano que embistió mi fortaleza tuvo la misma inquietud, y un dueto de gritos secos estremeció el lugar cuando nos vimos tan cerca, deformados por un campo de visión parcial y por el espanto que provoca toda demostración de vida imprevista y desconocida…

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El pueblo incierto (VIII)

23/06/2008 02:58:57 Por: anonimo Clasificado en: Literatura Tags: , , , , , Sin comentarios →

El pueblo incierto (VIII)
Después de intentar abrir sin éxito, cada una de las puertas que se encontraban rodeando la sala principal del banco, volví a reconocer detenidamente todas las paredes, observé una puerta algo más pequeña, casi mimetizada con el color beige de la pared, me acerqué esperanzado, cogí la manivela de la cerradura, cerré los ojos como el que pide un deseo, la giré hacia abajo rezando, empujé la puerta con el hombro como ensayando un último acto desesperado, y al fin se abrió, si esfuerzo, parecía que lo hubiese estado deseando hace años. Miré sigilosamente, busqué con la mano un interruptor para encender la luz. ¡Coño! dije al tocar algo con plumas, y al retirar mi mano como de un fuego debí accionar sin querer el interruptor y al fin se hizo la luz, era simplemente un plumero que colgaba de un perchero. Creo que terminé de abrir la puerta con las ondas que generó mi corazón saturado de miedo, por ella se accedía a un pequeño almacén para artículos de papelería, con las paredes completamente forradas de estanterías y el suelo lleno de cajas y de paquetes. Era un lugar idóneo para pasar la noche, vacié una de las estanterías y la coloqué obstruyendo la puerta, volví a colocar todas la cosas en su lugar y añadí todo lo que pude para hacer del cuarto un bunker inaccesible desde el exterior, luego dispuse unas cajas a modo de falsa pared, y entre ésta y la pared me recosté, por supuesto en posición fetal, apoyando mi cabeza sobre unos folletos publicitarios del banco. Estaba agotado pero mis ojos se resistían a darlo todo por zanjado y recorrían sin descanso el refugio en busca de cualquier descuido. El cansancio, la oscuridad y el silencio lograron vencer a mi desconfianza y caí en un sueño tan profundo como el misterio que definía a este pueblo…

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El pueblo incierto (VII)

09/06/2008 10:40:14 Por: anonimo Clasificado en: Literatura Tags: , , , , , Sin comentarios →

…las aceras despobladas de sombras, las esquinas oxidadas, intenté localizar el origen de los sonidos que no habían aparecido todavía, pero que tenían que haberme acompañado todo este tiempo. Busqué en los coches algún indicio de movimiento. ¡Cómo eché de menos niños jugando, parejas paseando cuando circunvalé aquel parque como pintado de silencio! El suave aleteo del viento contra las hojas de los árboles era toda una exhibición de vida comparado con el resto de aquel pueblo incierto. Cuanto más avanzaba mayor era la sensación de soledad, de extinción masiva precedida de un holocausto inédito hasta entonces.
El sol empezaba a ocultarse tras las últimas casas, y mis gaseadas tripas ya estaban añorándolo. Tenía que encontrar rápidamente un lugar seguro donde pasar la noche, no sería una exageración pensar que las criaturas causantes de todo esto estuviesen, como vampiros, esperando la noche para aparecer. En ese momento fui incapaz de imaginar qué crónico y terrible problema podrían tener esos seres en su relación con la luz solar, pero al menos lo entendí como una ventaja, eso sí, que estaba a punto de desaparecer.
A mitad de la calle había una entidad bancaria; si en este pueblo se podía estar seguro de algo, es de que, incluso desierto, seguro que había alguien que les debía dinero, y eso era todo un consuelo para mí, no era el único al que la mala suerte había destinado en este siniestro lugar. Creí que podía ser un buen lugar para ocultarme, en un banco no había alimentos, ni camas, ni menos aún ataúdes, así que seguramente estaría vacío. Me acerqué despacio, girando varias veces sobre mí para asegurarme de que nadie estaba siguiendo mis intenciones. Empujé la puerta acristalada y se abrió como si nada estuviese pasando; y nada pasaba, pero era una nada angustiosa y latente, como una crisálida a punto de dar a luz al más espeluznante de los engendros de Tolkien…

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El pueblo incierto (VI)

29/05/2008 03:53:29 Por: anonimo Clasificado en: Literatura Tags: , , , , , Sin comentarios →

Apenas me encontraba a cien metros de las primeras casas y de la oscura iglesia de la torre más alta. Mi corazón se aceleraba en dirección opuesta a mi instinto de supervivencia, y mis manos frías sudaban como intentando huir por el aire, evaporándose. Todo ello acompañado del ritmo marcado por los gases descompuestos e inagotables del infierno, que festejaban la inminente llegada de males a través de mi recto.
Salí de la plantación, crucé un camino que recorría perpendicularmente la primera fila de casas del pueblo. Ya estaba allí, frente a la impecable fachada principal de la gran iglesia gris de las campanas eternas. Alcé la vista hacia el campanario, nunca había sido demasiado devoto, pero pedí con toda la fuerza que pudo reunir mi desesperación, a todos los santos y vírgenes de todos los cielos, que velasen por mí, aunque con ello perdiera el poco crédito que pudiese haber reunido en mi vida, por mis buenas acciones. Ahora debía decidir sin precipitación si tenía que dejarme ver por las calles del pueblo, esperando que ellos acabaran de enervar mis nervios con su ausencia, o peor aún, haciendo acto de quién sabe qué presencia, o como parecía lógico debería intentar entrar en la parroquia para establecer contacto con el insufrible campanero. Contemplé una vez más la estructura indolente, casi sacrílega a los ojos de un pecador inconfeso como yo, de la casa de Dios. Opté por continuar andando por medio de una de las calles, poco a poco fui adentrándome en el laberinto en el que se convirtió este pueblo solitario y desconocido, miré cada uno de los edificios con los que me encontraba; cada puerta, cada ventana…

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El pueblo incierto (V)

15/05/2008 10:15:39 Por: anonimo Clasificado en: Literatura Tags: , , , , , Sin comentarios →

Intentar escapar traería consigo una reacción de fuerza por su parte que debería atenuar en la medida de lo posible. Decidí no continuar avanzando, de todas formas el pueblo seguiría estando seguramente a la misma distancia constante e infinita, me quedaría allí, esperando que contactaran conmigo. Me adentré unos metros entre los girasoles, esperando encontrar en la senda dejada por el supuesto espía algún vestigio que delatase su naturaleza, entonces advertí que el suelo tenía una firmeza inusual, me agaché, removí la tierra rojiza con mis manos apocalípticas, y apareció ante mi atómica ansiedad una estructura metálica a apenas un centímetro de profundidad, de la cual brotaban los tallos. ¿Qué podía significar eso? Rápidamente mis alucinadas neuronas opinaron que debía tratarse de una plataforma para mantener artificialmente a las plantas en el mismo estado que cuando invadieron el pueblo, creyendo que así mantendrían dentro de la normalidad la apariencia cotidiana de los alrededores del lugar.
Cambié de planes: si sus centinelas pudieron llegar hasta el pueblo a través de la plantación, también podría hacerlo yo, así que seguí lentamente uno de los caminos abiertos en línea recta hacia el macabro sonido de la torre más alta. No sé si me alegré de haber acertado en mi deducción, pero la verdad es que a cada paso que daba el tamaño de las casas aumentaba, al fin estaba acercándome irremediablemente, y de nada servía el que deseara con toda mi alma que fuese a la inversa; que cada zancada me alejase cien metros de aquella incierta realidad de la que no podía desterrarme. Respiré hondo y bebí un trago de una botella que llevaba en la mochila, el agua me supo a sudor de dos días cuando se mezcló con mi saliva y antes de caer en el pozo incandescente en el que se había convertido mi sufrido estómago….

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El pueblo incierto (IV)

08/05/2008 10:20:30 Por: anonimo Clasificado en: Literatura Tags: , , , , , Sin comentarios →

Poco a poco un sonido agudo e irritante, de una frecuencia casi inaudible para el ser humano fue ocultando al de las campanas, yo me protegí los oídos con las manos para intentar mantenerme asido a la débil reja que sostenía aún con vida a mi cordura. De pronto una infinidad de caminos se abrieron entre los girasoles; desde todas las direcciones el sonido a tallos quebrados y a marcha desenfrenada ofrecía ante mi atónita mirada un espectáculo sobrecogedor e indescriptible; como si el diablo llamase a filas a todos sus demonios, amenazando con el paraíso al que osara llegar el último. Todos los frenéticos senderos se dirigían hacia el pueblo. Cuando se alejaron me puse en pie, luego me subí en la roca que había utilizado de abrigo, no hubo manera de ver qué tipo de alimañas salieron del sembrado, estaba demasiado lejos para ver esos detalles. y me quedé allí subido un buen rato, sin tener la más remota idea de lo que iba a hacer, sabiendo que en esa posición, mi silueta desolada estaba deformando el valle, y era un blanco perfecto para cualquier ojeador que me pretendiese. De alguna manera supe que ya hacía tiempo que habían advertido mi presencia, así que reaccioné quizá de una forma absurda, pero grité a pulmón lleno ¡Hooolaaa!, abandonándome por completo a las intenciones de quién sabe qué inauditos seres….

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El pueblo incierto (III)

28/04/2008 03:48:32 Por: anonimo Clasificado en: Literatura Tags: , , , , , Sin comentarios →

El pueblo incierto (III)
La sensatez más básica hizo que me sentara en una roca caliza que emergía sin lógica geológica a un lado de la vereda, tomé aire profundamente para promover algún tipo de reflexión, y antes de expulsarlo por completo vi como algo o alguien, aún invisible bajo las secas pipas, se acercaba hacia mí a través de los girasoles, haciendo camino a base de coléricos movimientos y sonidos quebradizos, y cuya única razón para existir, teniendo en cuenta su certera trayectoria hacia mi inquietante expectación, parecía que fuese el encontrarme. Ya era tarde para correr, incluso para pensar en correr, supongo que mi instinto tuvo como idea predominante la que advierte que nunca es bueno dar la espalda a una amenaza desconocida, y por eso sólo atiné a ocultarme de rodillas detrás de la piedra, mirando sigilosamente, intentando adivinar el lugar exacto por donde desembocaría aquella cosa. A escasos dos metros para salir de la plantación aquello se paró en seco, me recordó a esos perros de cacería que se quedan clavados mostrando a sus dueños el lugar exacto donde el miedo atenazó a la presa, y recé para que no fuese mi olor el rastro al que estaba sentenciando. A ese instante donde se combinaron el sonido silencioso de mi corazón sobreexcitado, su respiración acelerada, y el eterno compás a difunto de las campanas, se le podía haber tildado de todo menos de esperanzador. Mis tripas respondieron al ambiente con un lamento aéreo acuático que no iba precisamente a mejorar las cosas; un retortijón seguido de varias réplicas de no menos intensidad, que acabaron de delatarme por tierra, mar y aire. De repente avanzó, sólo un paso al frente, suponiendo que tuviese pies, luego otro, aún más corto pero siempre adelante, decidido a sorprenderme…

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El pueblo incierto (II)

21/04/2008 03:46:26 Por: anonimo Clasificado en: Literatura Tags: , , , , Sin comentarios →

El pueblo incierto (II)
¡Qué diablos! exclamé confirmando mi decisión de suspender por un día el trayecto fijado a favor de la aventura y la improvisación. Y me recorrió desde el estómago al pecho una agónica incertidumbre; la misma sensación que cuando decidí acercarme al fin, a la primera chica con la que soñé despierto. Y esa angustiosa esperanza me cautivó de nuevo, y obedecí sin recato a mi suerte como penitente de misterios insospechados. Encogí las tripas y alargué el paso intentando estar siempre por delante de la sensatez del miedo. El camino era de una tierra arenosa y rojiza, flanqueado por plantaciones de algodón y girasol penosamente abandonados. Era extraño no ver a nadie trabajando, ni tractores, ni aperos de labranza o gomas de riego; parecía que la plantas habían crecido exuberantemente de una forma natural, y que de pronto se hubiesen secado y podrido sus frutos antes de haber podido ser recolectados por los vecinos.
Llevaba más de una hora en dirección al pueblo y mi percepción del tamaño de sus casas no había variado ni un ápice, una de dos, o estaba más lejos de lo que había calculado en un primer momento, o el pueblo estaba manteniendo las distancias conmigo, no me preguntéis cómo ni por qué. Miré hacia atrás para comprobar todo el trayecto recorrido, volví a contemplar la torre alta que aún se lamentaba. Era increíble pero calculé que llevaba andado unos cuatro kilómetros, sin embargo la imagen del pueblo y el sonido de las campanas eran exactamente el mismo que cuando desvié mi camino hacia ellos…

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El pueblo incierto

14/04/2008 10:50:37 Por: anonimo Clasificado en: Literatura Tags: , , , , Sin comentarios →

El pueblo incierto
Ese pueblo nunca debió existir, quizá hubiese bastado con que uno de los dos no estuviese allí en aquel momento, no obstante estuvimos, o al menos yo estuve en él, de eso estoy prácticamente seguro.
Fue asomando detrás de unas colinas a medida que yo ascendía por el camino. Me detuve, intenté situarlo en alguno de los planos donde había trazado minuciosamente mi ruta por aquella comarca, en un primer momento achaqué su anonimato a una falta de rigurosidad de los mapas.
Contemplé sin prisas la misteriosa estampa distante y sosegada de aquella piña de casas blancas que invadían con una pasmosa autoridad el valle, como si siempre hubiesen formado parte de aquel, aparentemente, impávido paraje. Decidí acercarme un poco más. A lo lejos sonaba una música entrecortada que no tenía otro remedio que provenir de algún instrumento caído del Olimpo….

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