El Balzac del siglo XX
Dos novelas breves asombrosamente similares aparecieron en Francia en 1942, ambas protagonizadas por un joven un poco repulsivo, sin conciencia, que perpetraba un crimen sin sentido. Una de ellas era El extranjero, de Albert Camus, y la otra, La viuda Couderc, de Georges Simenon. La novela de Camus ascendió hasta convertirse en parte del firmamento literario y aún sigue brillando, intensamente estudiada y calurosamente elogiada (en mi opinión, demasiado elogiada). La novela de Simenon no fracasó, sino que se estableció o, por así decirlo, siguió el mismo camino que el resto de su obra: se mantuvo en un decente nivel de ventas, con ocasionales reimpresiones, e incluso fue resucitada en una edición popular de tapa dura de la década de 1950, con una faja, una frase “con gancho” (”Una vertiginosa novela colmada de tormento y deseo”) y una cubierta escabrosa: una pechugona joven campesina haciendo mohínes en un granero, con la falda por encima de las rodillas, mientras un tipo robusto la acecha desde la puerta. El precio: veinticinco centavos.
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