Día 8 Hora Ojos Nublados

Hacía tiempo que tenía que haber ido al óptico a revisarme la vista. Últimamente no veía bien, ni de cerca ni de lejos, pero pensé que era cosa del cambio climático o de la crisis, que sé yo, en estos tiempos de incertidumbre no se puede dar nada por seguro. El caso es que el otro día vi en la tele al rey juan carlos y no me pareció tan campechano, por lo que algo debía ir mal en todas las córneas, los iris, los martillos, los yunques, la pituitaria y todos esos nombres que nos enseñaron en el tema 6 de Naturales: La Vista. Cuánta razón tenía mi madre cuándo me decía que asistiera a clase, que algo se me quedaría. Pero lo que realmente me hizo decidirme a ir al óptico, fue verme atractivo en un espejo. ¡Y eso sí que no!, como empiece a sentirme bien con cómo soy, ¿para qué buscar a otros, salir a la calle, conversar, divertirnos, beber, buscar el sentido de la vida, leer, viajar, ver películas tristes, abrazar, escuchar música excitante, querer a alguien y olvidarse de uno mismo? Además, ya he pagado a mi psicólogo tres meses por adelantado, y a ver cómo carajo me presento yo el miércoles que viene y le suelto, a bocajarro, que tengo la autoestima por las nubes ¿De qué hablaríamos entonces?, ¿del tiempo? Por eso he decidido cortar por la sano, he ido a mi óptico de confianza y le he dicho que me han subido como diez o doce dioptrías, que me bombardee con pruebas, colores, letras y números hasta que me diagnostique si soy miope, astigmático, daltónico o tengo un daño cerebral profundo. En un rápido reconocimiento, me ha dicho que lo que estoy es borracho, algo que ya sabía, ¿pero no tiene derecho un hombre a ver bien las cosas, aunque esté borracho? ¿de qué me vale llevar estas gafas tan caras si, cuándo bebo, veo igual que si no las llevara? En confianza, doctor, le he dicho, pasando un brazo por su hombro, yo lo que quiero es que me haga usted unas gafas progresivas, de esas que se anuncian en los carteles del metro, pero unas que, en vez de “de cerca a lejos”, se adapten “de sobrio a ebrio”, o viceversa, según me suba o baje el puntillo. Pero me ha respondido, muy enfadado, que él no es ningún inventor como el del 007, que si quiero unas gafas que transforme las luces en embutidos o que visibilice lo bueno que hay en la gente, lo busque en internet, que allí hay de todo, o eso dice su sobrino; luego se ha calmado, y me ha aconsejado que si hago eso, tenga mucho cuidado con los gastos de envío, que ahí está la madre del cordero, según asegura también dicho sobrino.
Si buscas en google, “gafas borracho”, como he hecho yo, aparecen unas gafas que, al ponértelas, se “sufre la misma pérdida de visión y reflejos que se suele tener cuando se alcanza una tasa de entre 0,12 y 0,15 de alcohol en sangre”, pero de lo mío, nada. La humanidad va en una dirección muy equivocada.
callejondeletras.blogspot.com/
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