Clasificado por ‘Horacio Quiroga’ - Archivo

Poe y Quiroga

19 de Septiembre del 2009 Por: apostillasliterarias

Categorías: Articulo literario, Escritores Etiquetas: ,

Sobre Horacio Quiroga, quien aconsejaba creer en un maestro como en Dios mismo —él eligió a Poe entre los suyos—, Murena destaca un hecho axial en la vida del cuentista uruguayo: su arraigo en la selva misionera, misma que conoció como fotógrafo en una expedición liderada por Leopoldo Lugones. Para Murena, este hecho es una renuncia intelectual, una manera de enfrentarse al horror real de la naturaleza primigenia y apartarse del horror libresco que ya veía como un truco bien aprendido.

Quiroga conocía demasiado bien el horror literario y fue en busca del horror palpable; llevó el espíritu a la selva y renunció al éxito profesional para dar la cara a una suerte de martirologio: “¿Por qué apartarse del triunfo, por qué desdeñar los ámbitos espirituales de las ciudades, por qué rechazar el pan bueno de la vida, por qué esa locura, como lo calificaría cualquier filósofo, cualquier sabio? (…)

Seguir leyendo.

Comentarios cerrados

Cartas íntimas de cinco amigos escritores

29 de Junio del 2009 Por: apostillasliterarias

Categorías: Articulo literario, Ensayos, Escritores Etiquetas: , , , ,

Horacio Tarcus, nos ofrece el anticipo de un libro que revela las misivas que intercambiaron los miembros de una cofradía encabezada por Leopoldo Lugones y Horacio Quiroga:

“Conforme a las memorias de diversos testigos, en la década del 20 un curioso quinteto literario solía animar en horas del atardecer las tertulias de la Biblioteca del Consejo Nacional de Educación, deambulando luego hacia el Aue´s Keller y otros bares de la bohemia porteña. Eran Horacio Quiroga, el autor ya reconocido de los Cuentos de la selva y de Anaconda; el joven Ezequiel Martínez Estrada, que recién se daba a conocer como poeta con Oro y piedra y Nefelibal; Luis Franco, que acababa de llegar de su Catamarca natal con los versos de La flauta de caña; y Samuel Glusberg, narrador novel que comenzaba a firmar sus cuentos con el seudónimo de Enrique Espinoza y editor de todos los demás en el sello Babel. Los cuatro “hermanos”, como gustaban llamarse entre sí, habían constituido en torno a la figura tutelar de don Leopoldo Lugones, el director de la biblioteca, una singular cofradía de la que se ocupa este libro.

Lugones ocupó ese modesto puesto burocrático durante más de veinte años, desde 1915 hasta su muerte en 1938. La Biblioteca del Consejo Nacional de Educación, luego rebautizada Biblioteca Nacional de Maestros, estaba localizada en el Palacio Pizzurno de la calle Rodríguez Peña. En la década de 1920 Lugones había llevado a trabajar consigo a los “hermanos menores”, Glusberg y Franco, y también recibía allí las visitas de los “hermanos mayores”, Quiroga y Martínez Estrada. Este último dejó un retrato conmovedor de la austeridad con que encontraba trabajando a su maestro:

Seguir leyendo.

Comentarios cerrados