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La historia más triste de la historia (XV)

2 de Marzo del 2009 Por: anonimo

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La historia más triste de la historia (XV)
¡Por fin una muestra de consideración! Una frase liberada de la influencia de la rabia y el infortunio. Aunque un espasmo en sus cejas cada vez que se tocaba el dedo dañado, aún ponía en duda la absoluta imparcialidad de las palabras que, más que dirigirme, me lanzaba.
­–Su reacción está sobradamente justificada, me atrevería a decir incluso que ha sido bastante benévola, aunque le garantizo que en ningún momento he tenido la intención de molestarla…
–Lo sé, por eso deberíamos zanjar de una vez por todas esta espiral de lamentaciones, ya está bien de disculpas, pedir perdón no sirve de nada cuando todo el mundo sabe que el daño no se ha hecho a posta. ¿Sabe usted dónde se puede comer bien por aquí?
–Si no quiere oír de nuevo una de mis insufribles disculpas tendrá que darme la oportunidad de resarcirme de una vez por todas invitándola a almorzar, y no sólo eso, para que el entierro de mi remordimiento sea perpetuo deberá aceptar mi ofrecimiento sin hacerse de rogar.
Ella —no sabría decir si por cansancio, por hambre, o por otro motivo más sutil que mi inteligencia— me atrevería a decir que asintió aliviada si no fuese por todo ese lastre pretérito que colgaba de cada uno de sus gestos, y que jalonaba siempre con éxito todos sus pasos.
–De acuerdo, dígame a qué hora suele comer usted.
–Tutéeme por favor, en este pueblo tan pequeño sólo se trata de usted al médico, y más que por respeto diría que es por miedo a promover una cierta falta de interés de éste como represalia a una confianza que obvia tanta diferencia de conocimientos y de prestigio…

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La historia más triste de la historia (XIV)

9 de Febrero del 2009 Por: anonimo

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La historia más triste de la historia (XIV)
…Algo exagerado quizá, lo reconozco, pero les aseguro que lo dije con un convencimiento sólo superado, en ese momento del universo, por su pálida belleza.
Finalmente María accedió a mi oferta de auxilio, seguramente porque la pensión era el lugar donde —antes de topar conmigo— tenía pensado dirigirse. Así que al fin tomábamos la misma dirección en algo, y yo esperaba ansioso que ese fuese el famoso “algo” por el que siempre se empieza. Ambos mirábamos su mano lesionada mientras caminábamos por la acera rojiza de la calle inquisición.
En sus rostros se tallaba la envidia cuando pasamos —como paseando— por delante de los abuelos, uno apretó con tal rabia la empuñadura de su bastón que se oyó crepitar la madera como en un fuego que muere arrepentido.
Mi sangre circulaba a una frecuencia que ya no recordaba, pero que reconocí de inmediato cuando me invadió el pecho, y provocó en mi boca una sonrisa floja que no podía sino ocultar con mi mano para no parecer
—sobre todo a sus ojos— si cabe, más idiota.
Hacia un día esplendido; —lo hubiese sido de todas formas, aunque hubiese llovido alacranes— una mañana soleada y cálida que no imponía a nuestra vida ningún inconveniente de antemano. Atravesando la plaza de los ahorcados me quedé mirándola y le dije con un valor desconocido: Como mínimo, usted pensará de mí que soy una catástrofe digna de evitar.
Ella me miró con esos ojos que hacían extraños aliados de la tristeza y la más adictiva sensualidad, me regaló una somera sonrisa de comprensión y me dijo: usted ha de perdonarme también, mi comportamiento ante sus disculpas ha sido bastante grosero, por no decir desagradable…

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El blog de Ana Mª Chiuminatto en Yareah magazine

30 de Enero del 2009 Por: anonimo

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El blog de Ana Mª Chiuminatto en Yareah magazine
Si alguien quiere conocer el arte que encierra Chile, fuerte y andino; si alguien quiere apreciar el valor de la artesanía, auténtico y creativo; si quiere sentir el amor que una joya posee ya antes de nacer… el blog de la diseñadora Ana Mª Chiuminatto es un punto de referencia, un lugar para conocer la historia y los artistas de un país grande, maravilloso, cercano.

Informa: yareah.com/chiuminatto/

La historia más triste de la historia (XIII)

26 de Enero del 2009 Por: anonimo

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La historia más triste de la historia (XIII)
Ahí yacía la diva de la elegancia con una expresión de dolor que ocultaba -en su apogeo- la que ya tenía desde que llegó; menos aguda pero más profunda. Le había roto dos uñas y lastimado el dedo corazón; seguramente el último reducto en su cuerpo para la esperanza y la propia satisfacción cuando todo lo demás enferma. Agitó la mano afectada como tocando la guitarra, intentando expulsar el daño, levantó la cabeza, apartó desairada sus rizos con una de las pocas extremidades que -desde que me emocionó por primera vez- yo le había dejado ilesa. Al verme, los ojos se le achinaron, sus mandíbulas llegaron a dar sombra, y la
sangre le hirvió como queriendo gritar y zarandearme; haciendo más intenso el dolor en sus dedos. ¡Vamos pégueme!, pensé. Así mis disculpas estarían a menos distancia de su perdón. Pero no lo hizo, tan sólo esbozo una frase que contenía en su tonalidad la esencia misma de su calvario; Una simple palabra envuelta en misteriosos destinos siempre encuadrados en su caótica realidad, dijo: ¿usted? Sí, otra vez yo, asentí apesadumbrado ante tan pobre respuesta, que por supuesto no ayuda un ápice a esclarecer ninguna de sus incógnitas existenciales.
La visión de la sangre colonizando el interior de sus uñas me impulsó, no sé aún muy bien por qué, a tener una actitud y decisión, al fin, de caballero.
-Si no me permite Usted que le cure las heridas me hará tan desgraciado como si tuviese la certeza de que voy a morir mañana, le supliqué.
-No se moleste, ha sido una funesta coincidencia, además tengo demasiada prisa, debo hacer unas llamadas urgentes.
-Puede hacer uso de mi teléfono todo el tiempo que quiera, de hecho, después de causarle tantas contrariedades, mi pensión prácticamente le pertenece, puede hacer lo que le plazca, considérela su casa. Pídame que la queme y mañana le entregaré con una sonrisa las ascuas

Informa: laflordelapocalipsis.blogspot.com/2009/01/la-historia-m

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