La fe

A veces,
en el ocaso de algún momento
vano,
en ciertos dÃas sin mundo,
la vida parece despuntar
con cierto sentido.
Y sin saber la causa
volvemos a sentir y a sentirnos.
Atravesé el atrio de ese
instante
con la inquebrantable fe de un
resucitado moribundo,
buscando con la premura
de un adolescente virgen,
la forma menos ilusoria de
perdurar en la esperanza,
hasta que me adopten, de nuevo,
tus labios.
Quizá mi demérito provocó
tu decadencia; te fue vistiendo
de hastÃo, conformando de piedra,
enterrándote en la densidad de las
horas cuando de ellas nace el
tiempo intacto, casi cadáver.
Aquà me encuentro encaramado,
asido al optimismo, seguro de nada,
aceptando al que fui, y agradecido
por el que pueda ser mañana.
He de alcanzar la cota errante
donde la vida te ofrece todos los
lÃmites sin condiciones ni
consecuencias:
allà la armonÃa todo lo vestirá
de largo, el sonido de mis palabras
te condenará a comprender lo
que siento, la noche caerá cuando
del dÃa todo lo hayamos tomado,
el silencio dará paso a tus secretos,
y la oscuridad me abrigará ante tu
imagen borrosa, como ausentándose
tentadora.
Por un instante, lo mejor de vivir
es la tortura de esterarte,
sin saber por qué, ni hasta cuando,
ni donde.
laflordelapocalipsis.blogspot.com/2008/07/la-fe.html
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