
Este exilo tan puto de tus tetas,
con tilde de orfidal y ducha fría,
este dormir despierto, esta agonía,
este quiosco de trágicas caretas.
Recordando tu vientre por cuartetas
me puede bautizar la luz del día,
hablando, – que se yo-, de lencería,
con pingajos con pinta de puretas.
Después en cuarentena llego a casa
con la voz menos rota que mañana,
y lidio con las sombras de tu ausencia.
Tan cabrón como siempre el tiempo pasa,
afilando el puñal de la desgana,
recamando la inútil penitencia.
Informa: elrincondesisifo.blogspot.com/2009/05/diario-de-un-poet