«El ciberespacio. Una alucinación consensual experimentada diariamente por billones de legítimos operadores, en todas las naciones, por niños a quienes se enseña altos conceptos matemáticos… Una representación gráfica de la información abstraída de los bancos de todos los ordenadores del sistema humano. Una complejidad inimaginable. Líneas de luz clasificadas en el no-espacio de la mente, conglomerados y constelaciones de información. Como las luces de una ciudad que se aleja…».
Adaptación al film en marcha (para el 2011) por Joseph Kahn.
Ayer fui a un hospital acompañando a un familiar que iba a someterse a unas pruebas, aprovechando que era el lugar donde se tramitan las citas para diferentes especialidades, pregunté a la funcionaria de información si podía decirme cuánto suelen tardar en realizar una prueba de alergia, ya que recientemente había solicitado una. Ella, sin vasodilatarse periféricamente ni mostrar el más mínimo pudor me contestó que sobre unos dos años. Yo había escuchado rumores – aunque siempre los consideré leyendas urbanas sin la más remota rigurosidad – de que rondaba el año de espera, pero dos años sonaron en mi cabeza como un eco del más allá. Mis cejas se arquearon, y un par de sílabas flojas y aéreas se me escaparon conformando un “hooostia”. La señorita exhibió una tímida sonrisa que adornó a una frase ensayada: “sabemos que es mucho tiempo, pero es que estamos saturados”. ¡Ya! contesté, pero dígame, si en el plazo de espera me muero, fuese o no, causa de una patología asociada a la alergia, ¿tendría que comunicarlo? La pobre recepcionista no sabía qué grado de ironía influenciaba a mis macabras palabras, y con unos labios ambiguos, atribuibles a la propia Mona Lisa me contestó que no haría falta. Me quita usted un peso de encima señorita, le comenté, entonces, hemos acordado que debo aguantar los síntomas dos años y un día ¿no? Aún más arrinconada entre sus hombros ella me contestó que sí, que esa era la media de espera en estos momentos. Le pedí que no dudara en adelantarme si alguien desistía de su fecha por falta de tiempo para reaccionar, o por cualquier otro motivo, por muy peregrino que éste fuera. La administrativa saco pecho y me dijo, ¡como no! cuente usted con ello.
No sé si le caí simpático, o tal vez sólo fue por compasión, pero una semana después me llegó una carta citándome para la prueba sólo un mes después de hablar con la diligente funcionaria. ¿Era justo que uno de los últimos en la lista de espera disfrutara de esta posición de privilegio? La verdad es que no tengo muy claro si la situación es para alegrarse, o para echarse a llorar sin frenos.
Norman Mailer: “Cuando era joven, los escritores solíamos pensar que las novelas podrían cambiar el mundo, pero no, es la televisión la que lo cambia” “El trabajo comenzó a resultarme muy importante a medida que me iba haciendo mayor”. Entrevista de Robert MCCRUM a Norman Mailer en El Cultural de El Mundo. El escritor ha muerto hoy.
Escribe Christopher Hitchens en su estupendo God is not Great: “La especie humana es una especie animal sin mucha variación, y es ocioso y fútil imaginar que un viaje al Tíbet, por ejemplo, descubrirá una armonía totalmente diferente con la naturaleza o la eternidad. El Dalai Lama, por ejemplo, resulta entera y fácilmente reconocible para cualquier partidario de la secularidad” (…)