Mademoiselle Shakespeare (y compañía)
Ariel reedita las memorias de Sylvia Beach, la mítica librera que creo Shakespeare and Company y se atrevió a editar sola el ‘Ulises’ de Joyce.
En aquellos días no había dinero para comprar libros. Hemingway, que era pobre y feliz en París, aunque no tanto como decía de ninguna de las dos cosas, los tomaba prestados de Shakespeare & Company, la librería y biblioteca circulante que una jovencita de Baltimore llamada Sylvia Beach abrió, en 1919, en el número 12 de la Rue de’l O’déon. “En una calle que el viento frío barría”, escribió el joven Hem en París era una fiesta, la librería “era un lugar caldeado y alegre, con una gran estufa en invierno, mesas y estantes de libros, libros nuevos en los escaparates, y en las paredes fotos de escritores tanto muertos como vivos. Las fotos parecían todas instantáneas e incluso los escritores muertos parecían estar realmente en vida”. La primera vez que entró en la librería, Hemingway estaba muy intimidado, como es lógico si es cierto el realismo con que le miraban desde las paredes los retratos de tanto escritor finado. Y no llevaba encima suficiente dinero para suscribirse a la biblioteca. La amable librera de piernas bonitas le dijo que ya le daría el depósito cuando le fuera bien, y que se llevara los libros que quisiera. Según recuerda en su libro de juventud parisina, se llevó los dos tomos de Apuntes de un cazador, de Turgeniev; Hijos y amantes de D.H. Lawrence, Guerra y paz y El jugador.
-Tardará usted en volver si tiene que leerse todo eso; dijo Sylvia.
Pero Hemingway volvió. Y Paul Válery, André Gide, Larbaud y León Paul Fargue, curiosos por saber quien era la decidida chica americana que se obsesionó con abrir una librería anglófona cuyo nombre se volvería mítico, aunque se le ocurrió en la cama.
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