“¡Alma mía!” (Manantial), libro del que se anticipa un fragmento, reúne las cartas que Heidegger envió a su esposa de 1915 a 1970. Los textos muestran tanto mezquindades cotidianas como el germen de la valiosa filosofía elaborada por el pensador alemán
Podría ocurrir que muchos lectores se acercaran a esta correspondencia armados de una única pregunta, del tipo: “Veamos si hay aquí algo de nazismo y de antisemitismo”. Y tanto más cuando la destinataria de las cartas, Elfride, la mujer del gran hombre, tiene fama -justificada- de haber estimado siempre a Hitler y menospreciado a los judíos.
Este acercamiento se mostrará decepcionante por dos razones. La primera es que, de hecho, pocas cosas en estas cartas son pertinentes al respecto. No se encuentra en ellas nada que modifique las opiniones establecidas, ni en los usos de la palabra “judío” ni en el compromiso con el nazismo. [...]
Recomendamos que se acepte la explicación de Gertrud, la nieta de Elfride, acerca de los criterios de su selección [...]: “Para conjurar las especulaciones, he incluido en el libro todas las cartas que poseo de entre 1933 y 1938. Fuera de ello, son citadas todas las manifestaciones antisemitas y políticas referentes al nacionalsocialismo”, finalmente poco numerosas. Silencio pues sobre “la creciente persecución a los judíos” en las cartas conservadas. Pero, es claro que fueron conservadas muy pocas de estas cartas: nueve entre 1933 y 1938, aun cuando Heidegger a menudo no estaba en casa. “Si se perdieron o si fueron destruidas y, si lo fueron, por quién y cuándo, ya no puede ser esclarecido.” Solo que es muy plausible que las hayan destruido, y de común acuerdo. [ ]
27.04.08, 4:36, pm
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