Estos días el periódico La Vanguardia está publicando una serie de entrevistas a escritores en la sección de deportes. El tema resulta muy original: literatura y deportes. Ayer fue entrevistado Enrique Vila-Matas. Hoy Agustín Fernández Mallo. ¿Mañana? Se puede seguir (en diferido) en http://letrasolimpicas.blogspot.com
José no era sólo un buen trabajador, a los ojos de sus jefes era el mejor de más de cincuenta empleados que tenían con nómina indefinida en el cortijo. Pero murió sin la alegría celestial de saberlo con certeza, no pudo oírlo directamente de sus labios potentados, hubiese sido todo un detalle que lo habría henchido de satisfacción y orgullo, y su entrega y diligencia no hubiesen tenido límites a su entero servicio.
Todas las mañanas atravesaba acelerado, con su característico paso tímido y sumiso de japonesa introvertida, el patio del cortijo para abrir los solemnes portalones de madera vieja y leprosa, que aún cumplían decorosamente con la función de salvaguarda que le encomendaron cuando era maciza y vigorosa, por aquellos años de posguerra se cerraba casi por su cuenta, sin crujidos ni chirridos lastimeros, suavemente velaba por lo poco valioso o comestible que se pudiese tener, y que, por supuesto, se encontraba concentrado en la gran casa almenada de los señores, casi siempre deshabitada.
Ramón era un poco de todo, hacía funciones de administrativo, de organizador de eventos para el gran terrateniente y los señoritos, de casero, y de todo lo que pudiese, con su fidelidad infinita, ir abarcando para el bien y el progreso de la finca.
Era un celoso contable a la vieja usanza, con sus libretas siempre a cuestas, el bolígrafo en la mano y el lapicero encajado en una oreja, o viceversa. Con una maestría artesanal pesaba una por una todas las cajas de aceitunas que los jornaleros habían traído del verdeo. Nunca reconoció que durante muchos años había trucado el rudimentario mecanismo de pesada para ganar unos cientos de gramos, ni que la mayoría de las veces redondeaba a la baja, pero cada campaña las cuadrillas acababan dándose cuenta, y…
En El Salvador de los años setenta la cultura era perseguida por los militares. Esa atmósfera fue crucial para una generación de lectores que debieron buscarse la vida. En ese ambiente hostil, Horacio Castellanos Moya descubrió a uno de los autores latinoamericanos dignos de conocer: Haroldo Conti
La radio es quizás el medio de comunicación moderno que ha tenido mejor relación con la literatura desde los tiempos de los seriales radiofónicos. Quizás sea porque no es otra cosa que una amplificación del relato oral del que proceden todas las historias. Esta temporada Radio 3 ha preparado un viaje muy especial, una vuelta al mundo en ochenta libros divididos en 25 capítulos que son otros tantos de 55 minutos. Y para que la radio no tenga que disputarse el tiempo y el espacio con los medios más recientes, los ha colgado integramente de la web de rtve. vía Papel en blanco.
En mi defensa te diré
que nadie más te haría sonreír
por algo tan inocente como este
poema, único en su especie;
que alcanza la transparencia
del alma, cuando me besas
creyéndome dormido, o a veces
triste.
Ya sé que nadie, es mucha gente
y en todo el tiempo posible,
pero es así; una corriente
inestable de alianzas implícitas,
que por ti, nos pertenece en exclusiva,
y se inflama y multiplica cada vez
más enraizada y omnipotente,
y acaba por aspirar a perdurar
más allá de la nada.
No puede haber algo parecido en
ningún otro lugar, ni a ninguna
otra persona se le ocurrirían esta
sarta de improvisadas obviedades,
y aunque así fuese, en otra vida,
seguramente no las tolerarías.
Es como a una religión
improvisada por unos dioses ateos,
como un país paralelo que lucha
y se funda, se evapora y se erige
con cada gesto cómplice.
Poco a poco creamos un dialecto
indescifrable, unas guerras cada
vez más diminutas, rituales,
aquelarres, una adaptación libre
del kamasutra. Sólo admitimos
en nuestro imperio las cosas
imprescindibles para extendernos,
y acabar siendo algún día, un laberinto
independiente dentro del cielo eterno.
Dispongo de tan poco tiempo
para descifrarte, para encontrar
la simbiosis idónea entre tus
plegarias y cada fin al que te
he destinado e inscrito.
Atrapados en un grano de tiempo,
abandonados como árboles milenarios
a la mezquindad del hombre,
sólo espero contar con el apoyo
de alguna fuerza cósmica, quizás de
un Dios rebelde, que tenga a
bien encausarnos armónicamente
hacia el fin de lo que ahora pienso,
a base del placer inabarcable de lograr
que cada noche no demos las gracias por
todo,
aunque sería suficiente que fuese
sólo por algo en concreto, por ejemplo,
por aquel beso en mis ojos agotados.
Derrumbada ante mí como un
racimo de tentaciones desconocidas,
anuncias el apocalipsis, el comienzo
del reinado de la tierra. Y todo en ti
se vuelve amazonas, inenarrable,
más poderoso que todas la religiones
unificadas bajo una misma plegaria.
Mi gula es infinita cuando maduras,
por tu olor a tierra mojada y fértil
que despunta hacia el calor que en
mi boca se dilata cuando tus
laberintos se resuelven en mis yemas.
Así deambulo por este final,
ávido por perdurar más allá de
nosotros mismos.
Cada vez nos rodean
más conjeturas siniestras;
surgen de un tiempo
enfermo donde los minutos
se enconan y se
dividen inagotables,
corrompiendo días,
invirtiendo expectativas,
coartando amaneceres.
Ven aquí, un poco más cerca,
abrázate a mi espalda
como si nunca nos
hubiésemos defraudado,
asómate a esa playa lejana,
serena, nebulosa, aquella
al final de este furioso
acantilado; cementerio
de vivos irreconocibles.
Sí, éramos recolectores
de olas, eruditos en ilusiones.
Pero no quiero volver,
tan sólo retómame,
y oirás de nuevo el mar
en tu ventana, bailarás
desnuda sobre la arena
desde tu bañera.
saldrás de mí como agua
fecundadora y todopoderosa.
Entro en Sano Juicio.
Me apersono en persona por una persona que no conozco.
Embaucado guardo en los bolsillos una cajita de fósforos y un gesto residual parecido al sarro.
Entrego todas las pruebas para ser juzgado sin más defensa que mi propia culpabilidad.
Poseo un antifaz para cualquier raudo delator-impostor y un código multiusos para
cualquier improvisa complicación.
Una puerta que da al lugar donde estoy está a la vuelta de esta puerta que no se abre ni
se cierra ni para adentro ni para afuera;
pero es seguro que esta puerta me protege de otra puerta donde alguien con una llave
inglesa busca nervioso las clásicas preguntas sin respuestas.
Ahora guardo en mi bolsillo a todo el universo y me quedo afuera de este círculo de
sucesos ocurrentes,
de hechos que giran como llantas usadas con una pregunta colgando de la comisura
radial de mis labios
y otra respuesta goteando en la absurda realidad del caucho de mis zapatos,
pues como todo el mundo que se precie no ando descalzo
y me miro en el espejo antes de salir por esa puerta que da al patio
donde un hombre atrapado y silencioso juega a leer serenamente este poema;
poema que empieza a su vez cuando guardo en los bolsillos una caja de fósforos
e imagino al impostor-delator a quien conozco
y a quien por enésima vez he venido a defender.
El nuevo trabajo del novelista Pedro de Paz, El documento Saldaña (Planeta, 2008), estará disponible en librerías a partir del próximo 9 de septiembre.
En esta ocasión, el autor —que ya obtuvo elogiosas críticas con sus anteriores trabajos El hombre que mató a Durruti y Muñecas tras el cristal— plantea, bajo la figura de un thriller de aventuras hábilmente combinado con elementos de la mejor novela negra, una sólida ficción plagada de intrigas y enigmas que giran en torno a la búsqueda de un legado artístico desaparecido durante los inicios de la Guerra Civil Española, una trama en la que la historia de la ciudad de Madrid y sus monumentos arquitectónicos desempeñan un papel esencial. Las referencias obtenidas sobre la obra son muy prometedoras y, según fuentes consultadas, aspira a convertirse en uno de los bestsellers de la próxima temporada editorial.
Rápidamente retrocedimos unánimemente ante el miedo más despiadado, ese que entra por los ojos sin pedir permiso, e irrumpe endemoniado y sin hacer escalas en los intestinos. Me pregunté cómo habían podido imitar la apariencia y el comportamiento humano con tal grado de perfección. Me acerqué todo lo que pude a las bisagras y escuché como deliberaban en voz baja, seguramente en su idioma porque no pude entender nada. Después, un sonido estridente se fue acercando, parecía como si arrastraran un mueble pesado sin acabar de levantarlo del suelo, efectivamente, estaban bloqueando definitivamente mi salida del cuarto. La puerta se había convertido en una barrera casi inexpugnable entre dos mundos intolerantes. Aún aislado logré oír a alguien decir vehementemente: ya lo tenemos, llamad enseguida a al policía. ¿A la policía? me pregunté, si cabe, aún más sorprendido. Una de dos; o los alienígenas estaban licenciados en antropología y clonación humana, o bien eran personas, ciudadanos, habitantes autóctonos de este desconcertante lugar, quizás habían regresado al unísono de algún tipo de acto masivo a las afueras del pueblo. -De todas formas sería todo un detalle evolutivo que en momentos tan angustiosos hubiésemos perdido la capacidad de hacernos este tipo de preguntas sin respuestas, y que acaban de sumirnos en la más completa zozobra emocional- Intenté tranquilizarme, esperé a que llegara la policía, entre otros motivos porque no tenía otro remedio, y eso era una causa aplastante. Entonces se aclararía todo, como mal mayor me tendrían retenido en comisaría unas horas, y luego cogería el primer medio de transporte, o tal vez el que llegara más lejos, para escapar de esta pesadilla de una vez por todas, y para siempre…
Buscando en la red, dicen que el que busca encuentra, encontré lo que buscaba. No sólo eso, encontré la mejor manera de indagar y encontrar lo que se busca. En mi caso, hacía una consulta literaria; buscaba revistas, bibliotecas, magazines, poetas, E-zines, etc.
En resumidas cuentas (ya se me acabaron los sinónimos) les presento los que a mi muy particular punto de vista son los mejores buscadores literarios de la red.
El argentino Juan Gelman está a punto de presentar un nuevo libro, un poemario titulado Los otros. Y aunque esta vez tiene el Premio Cervantes 2007 en la mano, dice que no se siente ” ni mejor ni peor poeta” que cuando publicó sus obras anteriores.
El libro contiene gran parte del trabajo lírico del creador del Violín y otras cuestionesfirmado bajo seudónimos o poemas sobre otros autores con los que él se ha identificado. Se trata de “una antología de poemas que firmé con otros nombres, o (escribí) en di logos con San Juan de la Cruz, Santa Teresa, Hadewicj de Amberes, Yehuda Halevi, el Rey David, Ramprasat y otros poetas del pasado que tocaron mis exilios”, dijo a dpa Gelman, que desde hace varios lustros radica en Ciudad de México.
América Latina ha dejado de ser un continente inventado por la literatura para transformarse en un continente redescubierto por los narradores. Un grupo de periodistas se ha situado en la vanguardia literaria con sus ganas de “contar cosas que no fueron soñadas en una noche apacible, sino que fueron vistas en el día anterior y de la vigilia, cosas que están pasando”, asegura Patricio Fernández, director de The Clinic, una publicación quincenal que surgió en 1998 con el ánimo confeso de dar palos al ex dictador Augusto Pinochet y que con su espíritu satírico se ha situado como la más leída en Chile.
Se trata de un grupo de hijos adoptivos del colombiano Gabriel García Márquez, el argentino Tomás Eloy Martínez, el mexicano Carlos Monsiváis o el polaco Ryszard Kapuscinski; además beben sin prejuicios del Nuevo Periodismo envasado en Estados Unidos, que en los setenta etiquetó Tom Wolfe y que antes habían alimentado Truman Capote y Norman Mailer. Los “nuevos cronistas de Indias”, como los bautizó la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), que preside el Nobel García Márquez, en Cartagena de Indias (Colombia), son en realidad nativos cronistas de Indias que intentan contar y contarse a sí mismos.
No desdeñan las coloridas crónicas de los descubridores absortos de la colonización, como Bernal Díaz del Castillo o Fray Bartolomé de las Casas, y reconocen en Inca Garcilaso de la Vega al precursor de la crónica latinoamericana. No se tragan entero eso de que el Nuevo Periodismo haya surgido en Estados Unidos y en cambio reivindican, como señala la venezolana Susana Rotker en su libro La invención de la crónica (FCE), a José Martí, a Manuel Gutiérrez Nájera y a Rubén Darío, que a finales del siglo XIX aplicaban a sus despachos periodísticos la mirada escrutadora, la potencia estilística y la pretensión literaria que ahora vuelve a invadir revistas, intenta tomar diarios y se ha ido acoplando tímidamente, pero con fuerza, a la herramienta del blog.
Empiezo diciendo que esta nota no debería existir. Sin embargo, de algún modo, está aquí pese a mi necia obstinación por querer evitarla.
…no pretendo hacerme responsable por esto, sino que transfiero toda culpa a la secuencia de códigos que descifran aquí alguna idea que podría, sí, pertenecerme, aunque también a alguno de esos “yo” que me habitan.
[…]
De cualquier modo, si se busca culpar a alguien (siempre se busca), son estas letras, que por su propia voluntad han venido a parar hasta este sitio, las únicas culpables.
Jonathan Minila
jminila@hotmail.com
[Lee la nota completa en “El pájaro azul”, y lee un fragmento de la novela “Contrapunto” de Aldous Huxley.]
Espérame habitando la quietud
de los atardeceres por sus balcones
en llamas, incinerado de incertidumbre.
En la sal ensangrentada de un mar
ultrajado por rencorosos huracanes,
enfurecidos a base de sueños marginados,
y de promesas infieles que rezuman
ácidos cristalinos por tus ojos.
Ensartado por el sol en las púas de
una acacia venenosa, recluida en el
olvido humeante de la sabana.
Estaré aguardándote crucificado
en las cuevas que resurgen del
pasado, como breves infiernos de
dudas y desencantos que creíste
sepultadas de ilusiones.
En todo esto me hallarás cuando tu
respiración te invada de amenazas,
cuando los versos sólo parezcan
antagonistas utopías que
quebrantan insolentes tu ánimo
de mantis onanista e iracunda.
Suicidándome ante ti intentaré
que mi debilidad te disuada del vacío
con que tu mirada me ejecuta, ahora,
mientras callas, como si nunca
hubiésemos engendrado caricias.
Siempre está presente tu ausencia
cuando menos la necesito;
te acomodas en la distancia,
me atas a un teclado a regurgitar desvaríos,
e incluso puede que en este momento
tú apenas me eches en falta.
Sobreviviré pensándote a chorros,
viviendo en lo escrito prevaleceré
a tu insolente independencia .
Siempre desangras mi vida,
y aún muerto recuerdo el
olor a espuma y sudor de tu cuello
entregado a mis mandíbulas.
Y seguramente donde merodees,
me considerarás ileso.
Haz siempre lo que quieras,
pero por lo que más desees,
vuelve siempre que yo te comiera.
O cuando yo te lo suplique.
Regresa si quieres sólo
cuando más te quiera,
o al menos, cuando te apetezca.
Pero quiero que sepas que vuelvas
cuando vuelvas, aquí estaré,
desnudo como una piedra.
“Cuando un verdadero genio aparece en el mundo,
lo reconoceréis por este signo:
todos los necios se conjuran contra él”
Jonathan Swift
Al final todo es arena. Gira, se pierde, cambia de forma. El presente avanza, y el tiempo con pies de roca lo aplasta todo.
Nos entregamos creyendo generar un absoluto, y a veces así es; otras no ¿cómo saberlo?
[…]
Hay movimientos que son necesarios para que los cuerpos bailen, para que las bocas se muevan, para que los hombres escuchen, para que lo esperado llegue. ¿Sin eso? Nada. Todo queda así, en una pausa eterna.
Jonathan Minila
[Lee la nota completa escrita por Jonathan Minila, en "El pájaro azul": http://jminila. blogspot. com/ y conoce más del autor del mes y de su famosa y humorística novela: "La conjura de los necios"]
De nuevo mi soledad te oscurece,
lo siento tanto como te siento,
sé que no hay palabras que
auxilien el desamparo de las
horas ausentes donde no
existimos,
desde mí clausura sólo
te pueblan decepciones.
Puedes oír mis manos
recorriéndote en el papel,
en el teclado, sin embargo
no hay nada más inquisidor
que la lejanía de su retórica
sobre tu piel floreciente, bajo
tu cabello enredado de placer
estimulando mi sangre,
como intentado seducirme
para siempre, y sin tregua.
Perdóname también eternamente
y creceré cada vez más intenso
rodeándote, concentraré tanta
belleza en tu cuerpo que desearás
el descanso, al fin, de echarme de
menos, a veces.
Floyd se preguntaba a veces si el bloque de noticias, y la fantástica tecnología que tras él había, sería la última palabra en la búsqueda del hombre de perfectas comunicaciones. Aquí se encontraba él, muy lejos en el espacio, alejándose de la Tierra a miles de millas por hora, y sin embargo en unos pocos milisegundos podía ver los titulares de cualquier periódico que deseara. (Verdaderamente que esa palabra de “periódico” resultaba un anacreónico pegote en la era de la electrónica). El texto era puesto al momento automáticamente cada hora; consumir toda una vida no haciendo otra cosa sino absorber el flujo constantemente cambiante de información de los satélites-noticiarios.
Resultaba difícil imaginar cómo podía ser mejorado o hecho más conveniente el sistema. Pero más pronto o más tarde, suponía Floyd, desaparecería para ser remplazado por algo tan inimaginable como pudo haber sido el bloque de noticias para Caxton o Gutenberg.
—- Arthur C. Clarke - The Arthur C. Clarke Foundation - 2001 Una odisea espacial.
Praga aulablog.com/planeta/node 06/09/2008 19:04
En España el curso no comienza hasta dentro de dos semanas, a diferencia de Chequia donde ya hemos superado los primeros cinco días de intenso traba Didáctica y docencia
Tunguska aulablog.com/planeta/node 06/09/2008 11:11
Esta entrada es bilingüe. El suceso de Tunguska consistió en una explosión de un bólido de unos 40 m de diámetro, que entró en la atmósfera a u Didáctica y docencia
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