2 de Julio del 2009
Por: apostillasliterarias
Categorías: Noticias, Premios y concursos Etiquetas: Andrés Acosta, literatura juvenil, Premio Gran Angular
En las instalaciones de Ediciones SM, la Fundación SM, Conaculta y la mencionada editorial dieron a conocer a los ganadores de los premios de literatura infantil y juvenil.
Las obras ganadoras son: para el Premio Barco de Vapor: Ixtlahuimilli, de la autora de 43 años Teresa Domínguez, quien recientemente concluyó la carrera de Letras Hispánicas en la UNAM. Para Gran Angular el premio lo obtuvo Andrés Acosta con la obra: O:L:F:A:T:O, quien ya había sido reconocido con mención honorífica en 2006 para este mismo premio por El complejo de Faetón.
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1 de Julio del 2009
Por: apostillasliterarias
Categorías: Premios y concursos Etiquetas: carlos fuentes
Al escritor mexicano Carlos Fuentes, autor de una docena de novelas, le ha bastado un artículo para ganar el premio González-Ruano de Periodismo que desde hace 34 años entrega la Fundación Mapfre. El texto, El Yucatán de Lara Zavala, fue publicado en el diario Reforma, de México, en abril de 2008. La decisión del jurado viene acompañada con una dotación de 15.000 euros y una escultura original de Venancio Blanco. Fuentes, un novelista de prestigio internacional, ganó el año pasado el premio Don Quijote de la Mancha por su aporte a la difusión de la lengua castellana. En España obtuvo los dos galardones más significativos en el ámbito de la literatura: el Príncipe de Asturias de las Letras y el Cervantes.
29 de Junio del 2009
Por: apostillasliterarias
Categorías: Articulo literario, Ensayos, Escritores Etiquetas: Ezequiel Martínez Estrada, Horacio Quiroga, Leopoldo Lugones, Luis Franco, Samuel Glusberg
Horacio Tarcus, nos ofrece el anticipo de un libro que revela las misivas que intercambiaron los miembros de una cofradía encabezada por Leopoldo Lugones y Horacio Quiroga:
“Conforme a las memorias de diversos testigos, en la década del 20 un curioso quinteto literario solía animar en horas del atardecer las tertulias de la Biblioteca del Consejo Nacional de Educación, deambulando luego hacia el Aue´s Keller y otros bares de la bohemia porteña. Eran Horacio Quiroga, el autor ya reconocido de los Cuentos de la selva y de Anaconda; el joven Ezequiel Martínez Estrada, que recién se daba a conocer como poeta con Oro y piedra y Nefelibal; Luis Franco, que acababa de llegar de su Catamarca natal con los versos de La flauta de caña; y Samuel Glusberg, narrador novel que comenzaba a firmar sus cuentos con el seudónimo de Enrique Espinoza y editor de todos los demás en el sello Babel. Los cuatro “hermanos”, como gustaban llamarse entre sí, habían constituido en torno a la figura tutelar de don Leopoldo Lugones, el director de la biblioteca, una singular cofradía de la que se ocupa este libro.
Lugones ocupó ese modesto puesto burocrático durante más de veinte años, desde 1915 hasta su muerte en 1938. La Biblioteca del Consejo Nacional de Educación, luego rebautizada Biblioteca Nacional de Maestros, estaba localizada en el Palacio Pizzurno de la calle Rodríguez Peña. En la década de 1920 Lugones había llevado a trabajar consigo a los “hermanos menores”, Glusberg y Franco, y también recibía allí las visitas de los “hermanos mayores”, Quiroga y Martínez Estrada. Este último dejó un retrato conmovedor de la austeridad con que encontraba trabajando a su maestro:
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29 de Junio del 2009
Por: apostillasliterarias
Categorías: Reseñas Etiquetas: Louise d´Épinay
En el segundo volumen de Las pasiones intelectuales (Fondo de Cultura Económica), la ensayista francesa examina la red de afinidades, prejuicios, envidias y enemistades que conectaba entre sí a las principales figuras del Iluminismo durante la década de 1750
Las mujeres no esperaron el siglo XVIII para escribir y publicar obras literarias. La novela más bella de la literatura francesa es quizá La Princesse de Clèves (1678), y madame de Sévigné, la cultivadora del género epistolar más célebre de todos los tiempos. Las mujeres nunca tuvieron vedada la escritura, pero publicar ya era otro asunto; y publicar con el nombre propio, una verdadera audacia. Aunque en el siglo XVIII algunas se atrevieron a desafiar estas dificultades, la exposición pública de una mujer de letras no era algo natural. Como solía decir la madre de madame D´Épinay a su hija, una mujer “honrada” no da qué hablar. No obstante, durante la segunda mitad del siglo, la República de las Letras es menos misógina que en el pasado. Pese a las sátiras o burlas de algunos, muchos son los que se muestran dispuestos a ayudar y a aplaudir a sus colegas femeninas. Al menos en el ámbito literario.
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