Recuerdo mi primer recuerdo del miedo. Verano de 1951. Un pequeño pueblo de la costa norte de Barcelona conocido por todos como Llavaneres. La torre de mi abuelo había sido el Consulado de Chile durante la guerra. Los domingos por la tarde, las familias de veraneantes iban al cine. Me llevaron mis padres a ver la primera película de mi vida, un western. No recuerdo título ni argumento. Después de todo, sólo tenía tres años y medio. Pero recuerdo, como si fuera ahora, que en la pantalla se podía ver la vida cotidiana de una feliz familia de granjeros: una madre cariñosa, un padre honrado y un niño de mi edad. De pronto, la normalidad quedó alterada por la aparición de unos extraños -luego sabría que eran indios cheyenes- que llevaban las caras pintadas y plumas en la cabeza y -eso fue lo peor- se comunicaban entre ellos con palabras incomprensibles, agitándose de un modo inquietante, en claro signo de hostilidad contra la pobre y pacífica familia de blancos.
Llavaneres: Vila-Matas
29 de Junio del 2009 18:10:50 Por: apostillasliterarias
Categorías: Articulo literario Etiquetas: vila-matas
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