“Me aproximo al refrigerador de los lácteos y me fijo en ella porque me parece curiosa: tres-cuartos color kaki,
camiseta negra, pantalones vaqueros y unos Pelotas marrones.
Es morena y sus ojos, de un verde muy intenso, duele mirarlos. Su carro está casi vacío: cuatro Actimel, un
sobre de salmón ahumado, una bolsa de canónigos, un trozo de queso Idiazabal y dos botellas de zumo de manzana. Por la clase de productos que ha escogido, y sobre todo, por las cantidades, parece que hace la compra sólo para ella. (…)”
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