“Empezamos a beber cuando la noche se acurrucó a nuestro lado. Sentados en el suelo, descubrimos la manera de parar el tiempo. De repente, te pusiste de pie e imitaste a aquella niña tonta que viste por la calle cuando venías a
mi casa. Yo reía y bebía desde la omnipotencia que me daba la gloria. Regresaste a mi lado y llenaste de nuevo mi copa, hasta arriba. Yo te miraba. ¡Qué hermosa eras!
Susurraste con ternura las palabras más dulces. Dijiste:
“¿Por qué todo es tan fácil cuando estoy contigo?”
Yo me puse serio y respiré profundamente. Cerré los ojos.
No quería pensar en nada. Tan sólo escucharte. (…)”
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Y SIN EMBARGO magazine » el vino, el deseo, tú y yo, josean prado: yse #20.