
He aquí una nueva comparación agraviativa, esta vez conformada por fragmentos de las escritoras Christiane Rochefort y Almudena Grandes (la primera, consagrada; la segunda, sedicente).
El reposo del guerrero (Christiane Rochefort). Página 38:
«Inclinado sobre mí, sigue sonriendo: por lo que él sabe, y yo ignoro. Sus ojos me desnudan más que sus manos, descubren la verdad: yo no conozco el placer. Recuerdo mis pobres y escasas aventuras, en las que me creía feliz, en las que nadie disipaba la ilusión; Pierre, la suave tranquilidad dos veces por semana, que yo denominaba ternura. Mi mezquindad; su delicadeza. Renaud no tiene ninguna.
–¿No gozas?
Me sonrojo espantosamente, avergonzada por la tara revelada; vuelvo la cabeza. Se desliza a los pies de la cama, a mis pies. Me resisto, siento vergüenza. No quiero. Firmemente, me fuerza. Las lágrimas de la derrota brotan de mis ojos, y oigo mis gemidos. Cedo. Apenas me ha abandonado, comienzo a sufrir. Le atraigo hacía mí. Le necesito. Estoy perdida. Hará de mí lo que quiera.»
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Informa: lectoriracundo.blogspot.com/2009/03/christiane-rochefor