
Digamos que arrecian plagas; que
los mares se derraman y llueve sombras;
que las paredes transpiran alevosía
cuando hacinamos —como sepultureros—
nuestra derrota bajo pantallas y libros.
Sin retomar intenciones.
Despreciando todo orden de necesidad.
Deglutiendo palabras afables.
La vida se petrifica en cada gesto de censura.
Nieva el futuro muerto.
Resuenan marchas fúnebres sobre el deseo.
Digamos que la luz, oculta, y el agua arde
en la distancia que nos declara homicidas.
Que el mundo se vuelve un sórdido penal.
Y el tiempo es un fanático racista de
los momentos donde éramos extracto y meta.
Parece que arrecian plagas. Diría incluso
que se cierne sobre nosotros un Apocalipsis
prematuro. Mientras, tú, yo, silencio.
Informa: laflordelapocalipsis.blogspot.com/2009/04/las-plagas.ht