
Envidio a los creyentes que jamás han dudado de la existencia de Dios. Y a los que están convencidos de que atravesarán por ello las puertas del cielo, a esos, casi los venero.
A los que, cuando aman, no temen que pueda terminar.
A los que piensan que la esperanza nunca puede ser lo primero que se pierde.
A todos los que aseguran que han visto un final de túnel iluminado.
Envidio la vida que renace eternamente. A la inmensa mayoría de criaturas de este planeta que no son conscientes de que van a perecer sin remedio.
Envidio a los que se levantan sin nada que hacer de antemano, e improvisan.
A los que saben que ser un vividor es la meta de vivir.
Pero sobre todo envidio a la abeja Maya, que siempre estaba segura de hacer lo correcto, aunque a veces sólo fuese divertirse al margen de la colmena, que por cierto, es un gran avance.
Informa: laflordelapocalipsis.blogspot.com/2009/04/la-envidia.ht