Una de las notas que Joyce transcribió del delirio final de su marido John Fante (1909-1983) decía algo como esto: “Él era un viejo señor de los Abruzos, tan ciego, que no podía ver sus pies”. Para entonces la diabetes le había arrebatado al autor de Pregúntale al polvo (1939) la vista y las dos piernas. Hacía cinco años que era ella, Joyce, quien escribía lo que el viejo Fante le dictaba desde su silla de ruedas en la terraza de una confortable y amplia residencia en la costa de Malibú, California. Así se concluyó la escritura de Sueños de Bunker Hill (1982), que es la cuarta y última novela que Fante publicaría en vida.
Los otros libros que conocemos hoy de John Fante fueron sacados por la viuda del cajón en el que el escritor los guardaba. Lo cual, en este caso en particular, no benefició en ningún sentido ni a Fante ni a la literatura. De ellos, el único documento interesante, por ser la primera novela que escribió, y contener el germen del estilo directo y honesto, rayano en la vulnerabilidad, que provocó la admiración de Charles Bukowsky, es Camino a Los Ángeles (1985). Sin embargo Fante no logró publicarla. De Alfred Knopf, editor con quien tenía un contrato, la recibió de vuelta con una nota de rechazo que exigía además el envío inmediato de otra obra para cubrir el dinero adelantado. Años después, cuando Fante hubiera podido negociar su publicación en su condición de autor de varios libros y guiones de cine, él mismo decidió sepultarla en el fondo del armario junto con los trabajos inconclusos.