La mirada del extranjero, y la literatura nos regala innumerables ejemplos, siempre permite disociarse de la realidad inmediata. Pero no sólo es extranjero, sino también es escritor, por lo que puede contar y narrar lo que ve, sin censuras ni voluntades ajenas al yo. El viaje de Burroughs, además, no es el viaje de un escritor cualquiera, -ya que el propio autor es un narrador que se rebela a la tradición norteamericana explorando nuevas formas de expresión-, sino que es un viaje de un extranjero permanente, que no encuentra lugar, que crea y genera, constantemente, nuevos mundos que se basan en la experimentación y la búsqueda constante de universos y mensajes paralelos. Burroughs es un escritor que ve trampa y engaño en todo, incluso en su propio país.
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