
Todo interesó a Mario Santiago, todo se hizo verso y todo se hizo delirio en él. Su poética no es críptica; es oracular. Cada verso de Aullidos de cisne es un suspenso sincopado en donde la vertiente se aúna con la caída, en donde todo es a un tiempo nacer, aprender y volver a nacer, en donde de todo se extrae un dolor de irrecuperable éxtasis que es fundación y propósito del poeta. Acusó en su carte de identité: mi profesión es darme cuenta, mi hoy es mañana y siempre. Y darse cuenta y un hoy futuro lo condujo a la única nobleza válida, la única nobleza fulminante y arrolladora del genio: poeta. Poeta para ir y para volver. Y poeta para dejarse llevar, como otros: Alejandra Pizarnik, John Keats, Marina Tsevtaeva.
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