1. Cuando empiecen a leer en voz alta, interrúmpelos constantemente para marcarles sus errores.
A ti también se te quitarían las ganas de seguir leyendo.
2. Oblígales a leer.
Nada más eficiente que un simple monosílabo, “lee”, para conseguir el efecto contrario.
3. Menosprecia sus gustos y no respetes su criterio.
¿Qué es mejor, que lean lo que les gusta o que no lean?