
Ahora, mientras el agua
impotente arrecia tras la
ventana escupiéndome,
y el sonido de las gotas
atrona en el tiempo imaginario.
La cama es una lápida de hielo
profanada por la ausencia
de humedades y cabellos.
Y el réquiem de Mozart envuelve
la muerte en acordes, para regalo.
Nada parece suceder, salvo la
duda entre llamarte, o seguir
maldiciéndote para descubrir,
una vez más, cuando no somos,
que me detesto.
Informa: laflordelapocalipsis.blogspot.com/2008/12/rquiem.html