John Cheever: relatos para cuando nadie quede en pie

26 de Noviembre del 2008 11:55:13 Por: laperiodicarevisiondominical

Categorías: Crítica, Escritores, Literatura, Teoría de la literatura

                                                                                                                                       

Hay palabras con un peso tal en la Historia del Pensamiento que terminan condicionándola, moldeándola. Palabras que atraviesan los tiempos en vuelo rasante, palabras con habilidad para matizar sus significados, palabras abiertas, traicioneras, palabras elementales en fin.

Y si hablamos de Historia del Pensamiento hablamos de Grecia o en todo caso deberíamos suponerla, siempre. El término logos, sin duda el más importante en la filosofía antigua y, por tanto, en todas las filosofías, constituye un ejemplo eminente para lo dicho más arriba. Pero cuenta con una particularidad agregada: logos, desde su aparición como palabra, contó con diversos significados, 12 hasta lo que supe.  No hablamos de un término polisémico o multívoco; tampoco de un concepto equívoco ni ambiguo. Esas caracterizaciones pueden aparecer a nuestros ojos, pero los griegos no tenían mayores inconvenientes en utilizar la palabra con éxito y adecuación. Estamos en presencia de una palabra-comodín que pese a su status utilitario cuenta con la limitación de una serie de significados posibles, algunos realmente diversos entre sí, hasta contradictorios. No podríamos hoy con un término semejante; apenas podemos con las palabras que tenemos, y podemos con ellas estampándoles un sentido que apenas nos molestamos en definir o comunicar

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