
…Uno de los dos curas del pueblo, el veterano Padre Jesús, salió de la iglesia principal mirando atónito hacia todas direcciones buscando una explicación más o menos razonable para lo que estaba sucediendo, hasta que, a lo lejos, pudo reconocer a María meciéndose tranquilamente en su balcón mientras el resto de criaturas del pueblo parecían huir de la muerte que sería permanecer quietos y en silencio. El padre avanzaba entre la gente sin contestar las preguntas que los vecinos les hacía sobre el por qué de aquella situación, se dirigía en línea recta a la casa de María, sin apartar un segundo la mirada del balcón, parecía estar buscando una señal inequívoca que aclarase aquel acontecimiento casi apocalíptico. La gente empezó a observar a Don Jesús, parece que su fijación abrió en ellos un resquicio para la esperanza, se fueron deteniendo poco a poco y un expectante murmullo empezó a imponerse en el silencio absoluto de la noche iluminada, el cura se adentró en un pequeño parque que se interponía entre la calle principal y la casa de mi musa. Toda el mundo estaba pendiente del inminente encuentro entre el párroco y María, como si se tratase de una rivalidad ancestral y divina que no tuviese otra forma de dirimirse que con una lucha a vida o muerte. La pequeña mansión estaba situada en una breve colina una vez cruzado el frondoso jardín, del cual el Padre don Jesús estaba tardando demasiado en salir. Un grupo de vecinos, espoleados por la actitud decidida y valiente del párroco deciden averiguar qué estaría haciendo el Párroco aún el parque. El resto de vecinos siguen como unos polluelos de ave al grupo de vanguardia, más bien por miedo a quedarse solos que por el valor infundido por el Padre…
Informa: laflordelapocalipsis.blogspot.com/2008/11/la-historia-m