La escena es sencilla: año 2002 (o 2003), verano, una radio y la voz de un tal Alejandro que leía un poema donde mencionaba a Mishima. ¿Quién era Mishima? Rec. La radio seguía encendida, y Alejandro hablaba de 30 días, cajas, botellas y sopa para uno. Mudanza. El cassette existe. La grabación también. Y Alejandro, es Alejandro Zambra (1975), escritor chileno que ha publicado dos libros de poesía, Bahía Inútil (1998) y Mudanza (2003), y dos libros de narrativa por la editorial Anagrama, Bonsái (2006) y La vida privada de los árboles (2007).
La literatura de Alejandro Zambra explora las historias mínimas y la intimidad subterránea. Con argumentos aparentemente sencillos, la obra de Zambra indaga en los conflictos emocionales de sus personajes, exponiéndolos a situaciones comunes (una mujer que se demora mucho en llegar, una niña que pregunta, un libro que nunca se termina de escribir, jóvenes que leen sin saber muy bien qué y por qué leen, el color de las paredes). Literatura de búsqueda; Zambra se sumerge en la fragilidad de las relaciones y el lenguaje, escribiendo libros que no resisten -y qué importa- la clasificación genérica.
Amablemente, Alejandro nos concedió una entrevista. Aquí las preguntas. Aquí también las respuestas.
R.S
Conocida es tu afición por Georges Perec. ¿Recuerdas cómo llegaste a él? ¿Qué es lo que te impresionó? ¿Qué te sigue impresionando?
Siento una complicidad total con Perec, sobre todo desde que leí Un hombre que duerme y Las cosas. Se supone que es un escritor experimental, un escritor de procedimientos más que de resultados, pero a mí me parece que, de forma a veces milagrosa, los libros de Perec escapan a las retóricas vanguardistas. No envejecen o envejecen bien. Por lo demás, Las cosas es una de las pocas novelas “generacionales” (….)
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