El siglo de Cartier-Bresson
Hace unos años, cuando se festejaba el centenario de Manuel Álvarez Bravo, escuché una pequeña historia. Don Manuel, ya mayor, estaba en la esquina de una calle del Centro con su cámara en mano cuando lo encontró el entonces regente de la Ciudad de México y lo invitó a comer. El maestro se disculpó, ya que estaba esperando el movimiento de las nubes que en ese momento no estaban acomodadas como él quería. Horas después, cuando el funcionario caminaba de regreso a su oficina, el fotógrafo seguía ahí, en espera del movimiento de las nubes.
Y cuando eso sucedía, él estaba listo para oprimir el obturador de su cámara.
“El momento decisivo” llamaba su colega y amigo Henri Cartier-Bresson a ese instante fotográfico en el que “se alinean la mente, el ojo y el corazón” en el momento justo en el que se desarrolla el clímax de una acción.
A Cartier-Bresson le llaman “el ojo del siglo”, “el maestro del instante”, “el padre del fotoperiodismo”. Y es que, sumergirse en su obra implica mirar con él momentos cruciales de la historia del mundo del siglo XX: el México postrevolucionario, la España de la República, la Cuba de los primeros años de Castro, África, París en el momento de su liberación de los nazis, la URSS y el fin del estalinismo, la muerte de Gandhi en India (lo retrató 45 minutos antes de su asesinato), los últimos meses del Kuomitang y los primeros de la China comunista de Mao, la independencia de Indonesia, un Nueva York desconocido…
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