
Sí, sí…Ya sé que uno aborda un tema tabú a la par que controvertido donde los haya y no tendría tal que serlo, entre otras cuestiones porque, vamos a empezar poniendo los puntos sobre las íes a través de su correspondiente escudriñamiento con total y absoluta naturalidad y porque éste blog tiene por título www.leerduele.com , por tanto los convencionalismos para el resto de la blogosfera.
Desde que los seres humanos por sí mismos existen sobre la faz de la Tierra, es decir, aproximadamente según datan los fósiles encontrados por los arqueólogos atribuidos al hombre de cro-magnon que nos trasladan a hace 40.000 años, dentro de la etapa conocida como paleolítico superior, los antropólogos saben bien que desde entonces no ha existido como atracción única, la representada entre un macho y una hembra sino que, la homosexualidad ha estado presente desde que se conoce el deseo. Otra cuestión es que se quiera admitir tal situación u optar por preferir esconderla obedeciendo a una evolución más proclive a lo políticamente correcto que a la realidad de la misma.
Sabemos por los historiadores, esculturas y frescos de otras épocas que las bacanales en la antigüedad eran frecuentes y que las mismas no entendían de distinción entre uno u otro sexo. Miembros de las clases acaudaladas solían tener sirvientes o esclavos con los que se desfogaban dando rienda a sus instintos más primarios al margen de la plebe.
La tendencia sexual de cada cual jamás ha entendido de clase o condición porque la misma, está en el interior de cada ser desde el momento de su nacimiento y ésta, como pertenece genéticamente al individuo, como tal se desarrolla. Otra cosa bien distinta es la opinión generalizada que se haya creado a la par que extendido respondiendo a una doble moral amparada como siempre, en intereses creados por disuadir y exterminar a lo que no se considera como normal o aceptado por la mayoría.
Así, la propia humanidad ha ido “evolucionando”, con el paso del tiempo preocupándose de mantener apartados cuando no perseguidos a todo/a aquel capaz de mostrar ciertos síntomas de atracción hacia otros de su mismo sexo bajo incluso el asesinato “justificado”. Como ejemplo de lo arcaicas e involucionadas que pueden ser algunas mentes, basta con colocar de relieve al extraordinario escritor, poeta y dramaturgo irlandés Óscar Wilde, quien dio con sus huesos en la cárcel por el mero hecho trascendental de mantener una relación homosexual con un lord inglés hijo del marqués de Queensberry, llamado Alfred Bruce Douglas. En la actualidad, se sigue castigando semejante condición con penas de prisión en algunos países de África y Asia para con quien ose insinuarse de forma “impúdica” a un igual.
Toda ésta agresiva caza de brujas, no ha hecho otra cosa que amilanar y arrinconar a todo aquel que aun teniendo un sentimiento natural, se ha visto obligado a suprimirlo en función de las consecuencias que le esperaban si lo manifestaba.
Por todo lo reseñado con anterioridad y presumiblemente en un ataque de libertad sin parangón, nació en la madrugada del 28 de Junio de 1969 el día del orgullo gay cuando en la posada Stonewall, irrumpió un grupo de policías con la finalidad de efectuar una redada de forma indiscriminada contra todo homosexual declarado linchando a todo aquel que encontraban a su paso y la oposición tan feroz que sus ocupantes hicieron contra las fuerzas de seguridad. Se cuenta que, tal situación tuvo lugar justamente cuando por los altavoces del recinto, se escuchaba la canción “ Over the rainbow”, (un lugar más allá del arcoiris), de la actriz Judy Garland, de ahí el colorido de la bandera y emblema gay.
Un himno que hace apología de la realización de los sueños y la desaparición de los problemas.
Ahora bien, que un suceso tan desagradable y sectario como éste tenga un antes y un después en todo aquel que se sienta identificado con él es una cosa y que éste sirva como una reafirmación mal entendida es otra.
Desde el preciso momento en el que uno, decide desmarcarse del resto hasta incluso señalando en rojo un día del calendario para hacer de él festividad ya no nacional, sino mundial, ya se está autoexcluyendo pues ya no es que esté plenamente satisfecho con vivir de una forma más libre sino que busca repercusión inusitada para que los demás se den por enterados sobre algo que, considero es estrictamente personal e íntimo.
Al margen de la represión que se haya sufrido, lo más pertinente sería vivir cada uno de forma despreocupada sus apetencias sexuales, sin hacer de ello un espectáculo ostentoso rayando en presumir ridículamente de uno mismo.
Esta actitud ayudaría muchísimo más al progreso de todo aquel que ha sufrido en silencio la animadversión de otros que no sentían como él comportándose de forma completamente espontánea y natural como hace cualquier homosexual fiel a sus principios que se precie. El ampararse o mezclarse entre la multitud un día al año para airear a los cuatro vientos los gustos particulares que uno tiene en éstos tiempos, sólo puede ser tachado de cobarde e inconsecuente ya que se necesita de un acontecimiento con semejante magnitud para salir de la madriguera mientras se juega el resto del año a guardar las apariencias.
Los propios locales temáticos de ambiente, que para tal menester existen no hacen otra que provocar retroceso en una idea que ha costado muchísimo extender en las sociedades de todo el mundo, automarginándose al apostar por un segmento determinado de la sociedad en lugar de convertirse en un foro de reunión, encuentro y esparcimiento sin exclusiones de ningún tipo, es decir para todos independientemente de si el gusto es por los hombres o por las mujeres. Conseguir que una persona heterosexual no se sintiera desplazada al visitar estos lugares sería un distintivo de pluralidad que acabaría con el funcionamiento de muchos de los mismos pues ya no existirían locales con una u otra etiqueta sino, simplemente locales donde todos se pudieran fusionar y compartir sus ideas de manera libre y democrática.
Es difícil que una sociedad acepte a quienes se avergüenzan por amar de un determinado modo porque con ello, se convierten en cómplices de quienes no aprueban cierta conducta. Quien vive conforme a sus valores e identidad, al margen completamente de lo que opine el resto, se siente mejor en su esencia.
Lamentablemente, hay pocos que pese a todo, sean capaces de “salir del armario”, en un país donde muchos medios de comunicación siguen refiriéndose a gays y lesbianas como colectivos, es decir, se acuña una palabra para definir cierta orientación sexual.
No se ha escuchado a ningún presentador de informativos hasta la fecha, leyendo en el teleprompter la palabra colectivo, atribuyéndola a personas heterosexuales. Una vez más, fomento de la marginalidad y por extensión de la quintaesencia de la involución.
Para colmo, se crea la expresión “salir del armario” con la intención de identificar a todo aquel que en un momento determinado reconozca su homosexualidad en un intento de modernizarse cuando ello está más cerca de lo banal que de lo progresista. Quizá es que algunos quieren ser tan modernos, que prefieren adornar una frase para evitar afrontar un significado con la connotación que realmente tiene.
Al mismo tiempo, no pocas personalidades públicas, pertenecientes al mundo de la política, el deporte, el cine…Siguen alimentando el retroceso bajo la negación de un sentimiento universal sin reparar en el perjuicio que semejante postura causa ya no sólo en ellos para con su vida cotidiana sino en todos aquellos que podrían seguirles al alimón viendo como ejemplo el hecho corriente de admitir un sentimiento en una celebridad con millones de seguidores a lo largo y ancho del globo sin que por ello sienta como su carrera se va a ver mermada por la respuesta, el consiguiente efecto y el precio a pagar que semejante acto de identidad podría tener entre los intolerantes ante tamaña noticia.
Es el precio que muchos prefieren seguir pagando para vender más discos, hacer más películas y obtener mayor número de votos. Es decir que, reconocer lo que uno es va condicionado a los beneficios que ello pueda proporcionar aunque la vida se torne un teatro adalid de la demagogia y la hipocresía.
Luego, no deja de ser paradójico en los que promueven tales comportamientos escuchar que todo esto es responsabilidad de una parte de la sociedad que aun ni lo aprueba, ni lo acepta.
Sin duda, es más tranquilizador para continuar caminando por el camino de la doble moral con la conciencia tranquila echar la culpa a los demás cuando uno mismo con su propio juego, agranda el problema.
Tal vez todo esto termine, el día que nadie persiga la notoriedad frivolizando para con sus sentimientos y los viva lejos de arrumacos furtivos; cuando no existan publicaciones que escriban sobre los amoríos homosexuales de una celebridad buscando con ello el escándalo, ni consumidores de tales rotativos impregnados de morbo; cuando los adictos al correveidile no sean escuchados y su opinión quede lejos de ser tenida en cuenta; cuando “salir del armario” no represente una moda o una tendencia; cuando no se utilice una manera determinada de vestir que sirva como reclamo para que otros detecten si se entiende o no; quizá entonces, ya no habrá nadie apostado en el balcón que contemple la escena con estupor censurándola porque ello formará parte de la propia sociedad integrada y evolucionada.
Informa: leerduele.com