“La literatura se ubica entre el amor y la utopia”
Ilija Trojanow pertenece a una singular raza de escritores, de la que no hay demasiados exponentes en la cultura hispanohablante: los que eligen como patria una lengua literaria ajena a la nativa. Su literatura de viaje, no tan extendida en el panorama narrativo en español, es al mismo tiempo una forma de explicarse el mundo. A los 43 años, este narrador políglota y de vida fascinante se presentará en la Feria del Libro de Buenos Aires. Su agenda en la muestra, que abrió esta semana, será agitada: el domingo dialogará Gabriela Massuh y Alejandro Tantanián leerá fragmentos de El coleccionista de mundos (Tusquets), libro que presentará en suelo argentino. El miércoles próximo charlará con Vassilis Alexakis sobre “los escritores que escriben en el idioma de su país de adopción” y el viernes, presentará en la Feria su documental Balada de los héroes búlgaros , un filme para la TV alemana inspirado las preguntas que siguen al fin de un régimen totalitario. Luego será entrevistado por la periodista Hinde Pomeraniec.
Nacido en Bulgaria, criado en Kenia, emigrado luego a la India y Sudáfrica, el autor de El mundo es grande y la salvación acecha por todas partes eligió el alemán como lengua de escritura. Cuando LA NACION le pregunta las razones, el escritor dice: “Es la lengua que más amo. Es abierta y tolerante, y lo es más con los extranjeros que con los propios alemanes. Con el alemán me siento en buenas manos porque percibo la libertad para transformarla, adaptarla a mis necesidades y fundirme en ella”.
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